Inmensidad

barco

§caer

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Los muros

Llovía agua nieve y  eran las dos de la mañana. Tiré mis huesos en el asiento de un camión de transporte público, recién salido de la guardia. Estaba muy cansado para manejar mi viejo armatoste. Me senté hasta el fondo esperando dormir. Había un par de muchachos darkis sentados hasta adelante. Recargué la cabeza en el vidrio y cerré los ojos mientras el camión aceleraba.

—Pensé que te encontraría aquí.

Abrí los ojos pensando que me hablaban. Eran dos hombres, vagabundos típicos vestidos con harapos. El de barba se había sentado. El alto, de gabardina, seguía de pie. No los había visto al subir, ni al sentarme. Estaban a dos lugares de mí. Temía que me pidieran algo de cambio o se dirigieran a mí. Estaba a nada de cambiarme de lugar cuando volvieron a hablar.

—Es un buen lugar, todos suelen estar muy ocupados.

—Si nos oyeran nos ignorarían —Gabardina se sentó junto a su interlocutor, —debemos estar locos, ¿recuerdas?

Ok. Me sentí muy intrigado, lo admito. Esto se veía con algo de potencial, al menos para pasar el tiempo. Así que cerré los ojos y simulé dormir mientras escuchaba con atención, esperando que nunca se dirigieran a mí. Este es mi mejor esfuerzo de recrear la conversación, de memoria (y créeme, he pensado en ella lo bastante):

§Escuchar de paso

la tragedia de los Sorrenson

Los Sorrenson eran una familia danesa que había inmigrado a los Estados Unidos en el año de 1905. Llegaron con su niño mayor, Anders (sobre el burro) y se establecieron en una granja de Missouri. Tres niños más —Simone, Frikke y Mathilde (centro, derecha y la carretilla)— llegarían luego. Esta foto, tomada en 1916, los retrata a los cuatro, a pocas semanas de la tragedia.

»seguir la secuencia

Rey Suicida

king-hearts

La baraja está compuesta por capas de significado y simbología que se remontan a varios siglos atrás, los cuatro reyes, por ejemplo, están basados en reyes verdaderos: El rey de diamantes representa al próspero Julio Cesar, el rey de picas representa la brutalidad de Alejandro Magno y los ases representan la fortaleza y amabilidad del Rey David; por otro lado, los corazones representan la… inestabilidad mental, por así decirlo, de Carlos VII de Francia. Es de tomar nota que Carlos VII fue el único de los cuatro reyes que vivió para mirarse impreso en el juego de cartas, lo que tal vez explique un poco la forma en la que se distanció de sus homólogos.

Carlos se volvió el rey de corazones en el mismo comienzo de su mandato, pero nunca tuvo la oportunidad de jugar a las cartas hasta varios años después, cuando enfermo de una fiebre repentina y falta de explicaciones, cayera literalmente de su trono, evitando que pudiera continuar con sus ocupaciones. Fue durante este período que Charles comenzó a aprender juegos de cartas para pasar el tiempo, como una versión inicial del blackjack, ving-et-un (veintiuno).

»toca y reparte

La Historia de Fantasmas de Humper Monkey

Capítulo 5

¿Dónde estaba? Ah, sí, la tercera noche que pasé aquí.

Me desperté temprano, eran alrededor de las 430 y la sala comunitaria estaba helada como la mierda. Me levanté, me estiré, me puse las botas y el saco. Curioso, tomé mi encendedor, le di llama y lo pasé por las juntas de las ventanas.

Nada, la llama no se movió.

No se movió cerca de las ventilas, tampoco. No había nada de viento entrando en el cuarto por las ventilas o las ventanas.

Puta. Un momento.

Ay carajo, el horno estaba apagado de nuevo. No. Carajo no. No iba a volver a ese cuarto, nunca. Ni siquiera armado. Ni siquiera con un lanzamisiles. Ni siquiera en un puto tanque.

Cobarde.

¿Contra un hombre? No. ¿Contra un animal? No. ¿Contra un calentador de agua que respiraba y un horno que probablemente fue utilizado para inicinerar personas vivas? Carajo. Sí. No era como si fuera la única persona asustada. Estos muchachos y muchachas eran gente que tenía esto años y se salieron de sus cuartos por esta cosa. No. Me rehusé a tener miedo. No existe tal cosa como el puto Coco y no existe tal cosa como un fantasma. 1980, por el amor de dios, ya nadie le tiene miedo a los fantasmas.

Me levanté y anduve a vigilancia. Carter estaba recargado en una silla, jodiendo con una antena de conejo encima de la pequeña televisión, intentando captar Plaza Sésamo con mayor claridad. Otro tipo que andaba por ahí pero con el que no había tenido ninguna interacción estaba leyendo un libro. Levanté la mano para los dos y anduve hacia mi cuarto. Las luces del pasillo estaban encendidas, pero el ambiente se sentía… opaco.

Abrí mi cuarto, saqué un uniforme y algo de ropa interior, tomé una toalla y fui a darme un baño y rasurarme. Uno siempre se siente mejor en un uniforme limpio. Reuní mi costal de la ropa sucia y me dirigí a la lavandería. Me había memorizado el mapa de las barracas que estaba en uno de los libros de registro cuando había apoyado al oficial. Aventé mi ropa sucia en una de las máquinas y la eché a andar, entonces regresé a Vigilancia.

—¿Durmio bien, raso Monkey? —preguntó Carter, estirándose y bostezando.

—Seguro que sí, especialista. —un gemido se escapó desde las escaleras.

—Soldados, buenos días. —Bishop. Sonaba demasiado contento para ser un hombre que había pasado su primer noche en este agujero. Podía escuchar a Vickers levantando personas en el cuarto aledaño. Bishop se acercó y descansó uno de los codos en la barra de despacho.

—Vamos a registrar las barracas hoy. Hay veinte de nosotros; nos vamos a separar en equipos de cuatro. Quiero cada locker, cada cuarto, cada closet y cada baño revisados. Si la puerta no abre con las llaves que tenemos, vamos a tirarla a patadas. —Stokes se había integrado al grupo.

»alistarse

el tren de la media noche

He visto demasiadas cosas. Algunas me dan más orgullo que otras. Cuando era un muchacho no había una jodida cosa que pudiera saciar mi apetito por el mundo a mi alrededor. Tenía que poner mis manos encima de todo lo que tuviera a mi alcance, desarmarlo, estudiarlo. Fue mi curiosidad la que me metió en los problemas más grandes de mi juventud.

No podría haber tenido más de seis años… fue en el otoño de mil novecientos veintiocho. Varios niños y yo, habíamos pasado toda la tarde jugando a las escondidas. Le tocaba buscar a Denny Louis, y ese muchacho un puto sabueso… así que tenía esta idea de encontrar un escondite a la altura. Recordé el piso alto de nuestro granero y me imaginé que podría ocultarme entre las pacas de alfalfa, tal vez incluso acomodar algunas para construirme un fuerte. Denny comenzó a contar desde el cien y yo arranqué hacia allá. La brisa me cosquilleaba en la cara, olía a cosecha.

Pasé las enormes puertas de color rojo y mis ojos aterrizaron justo en la mamá de Denny Louis, recostada en el suelo, sobre su cabello, con mi papá encima. Intentaban levantarse, pero no podían. No tenía idea de lo que estaba viendo. Lo sabría luego, cuando tuviera catorce y yo y Sandra Hannigan nos refugiáramos ahí mismo: ella se escurriría el agua del cabello y me encontraría mirando sus pezones, asomados por el frío y la humedad; un vestido de flores amarillas del que no se separaba, piernas cremosas y llenas de pecas, abriéndose despacio, como un durazno maduro; ahí, entre el aroma de la lluvia y la mierda de caballo, hice el amor por primera vez.

—¿Pá? —mi voz hizo un eco que chocó con las paredes de madera. Mi viejo se dio la vuelta y me miró como atrapado en infraganti, con las manos en el tarro de galletas precisamente eso era lo que estaba pasando. Se levantó de encima de la señora Louis y anduvo hacia mí.

—¿Qué haces aquí, mijo? —habló despacio y tranquilo.

—Estábamos jugando a las escondidas, pá; me iba a esconder allá arriba.

—¿Sí?, No le vas a decir a nadie sobre lo que viste, verdad, mijo? —pude sentir la ira alzándose por detrás de su voz, alzándose despacio; pero yo era un muchacho curioso y jamás me enteraba de cuándo debía parar.

—Bueno… ¿pero qué hacían, pá? —Sus ojos se detuvieron encima de mí, adoptaron un gesto nuevo para mí, turbio e inmóvil, como dos gotas de petróleo brillando en un día soleado. La señora Louis seguía detrás de él, se había levantado y se estaba acomodando el vestido, sacudiéndose las ramitas de alfalfa de su largo y dorado cabello. Estaba distraído mirando a la señora Louis y no lo vi, andando al muro donde tenía las herramientas, levantando una pala pesada y vieja.

—¿No le vas a decir a nadie, verdad mijo? —repitió con ese ritmo lento que siempre usaba cuando estaba furioso, pero yo, siendo el niño tonto y curioso que era, no me enteré de que debía de parar.

—Pá, qué era lo que… —mi mejilla izquierda explotó de dolor y caí al suelo en un vuelco patético. Mi visión se quedó en blanco, ardía, el sonido se volvió hueco y lejano, como si el mundo de pronto me hablara desde una tubería muy larga y lo transformara todo en la distante voz de un fantasma. Podía escuchar a la señora Louis gritando y podía escuchar, también, el largo y bajo silbato de un tren, lejos. Podía ser mi imaginación, pero en mi vida he aprendido que las coincidencias no existen. Escuché el silbato tan claro como escuchaba los gritos de la señora Louis, o los suaves gemidos de Sandra Hannigan mientras los truenos se abrían paso en el cielo gris de primavera y la áspera respiración de mi padre encima de mí recobraba fuerzas para levantar la pala de nuevo. Esa fue la primera vez que escuché el tren, lo juro por dios.

»<em>chug, chug, chug, chug</em>

Los gemelos Harlow

1938, Parque Evergreen, Illinois, (a las afueras de Chicago). Billy y Stevie van en el asiento delantero junto a su mamá, Tammie, cuando su Ford Sedan se estrella con un Chrysler. Durante la colisión, los carros giran e impactan con dos vehículos adicionales. Tammie Harlow sobrevive, pero los muchachos salen disparados por el parabrisas del auto y mueren instantáneamente.

»Baja la velocidad, para ver el accidente

La Historia de Fantasmas de Humper Monkey

CAPÍTULO 4

Me había quedado dormido hasta entrada la tarde y había despertado con las piasadas de alguien. Con los ojos entrecerrados, me levanté y caminé hacia Comando Central. Carter se estaba quitando la parca, lo acompañaban dos personas más.

Un capitán y un Sargento Primera Clase.

—Jesucristo. Nos jodieron—. Sin la parca, pude leer el nombre “Vickers”, en su pecho. Insignia de paracaidismo, de asalto aéreo, de explorador.

—¿Quién eres?

»responder

Árboles altos y gruesos

La mujer que se sienta a la mesa conmigo no es mi esposa. Se ve como mi esposa, sonríe como mi esposa, su voz suena justo como la de mi esposa, desayuna lo que mi esposa y se siente justo, exactamente como mi esposa.

Pero yo sé que ella no es mi esposa.

Hay algo en sus ojos, en la manera en la que se dispara como un dardo a través de las habitaciones y me evita. Algo en la forma en la que habla y algo en su voz un tono aplanado al final de cada frase. Hay algo fuera de lugar en la forma en la que se pasea por el suelo, balanceando sus caderas demasiado, levantando sus pies un poco, apenas un poco de más. No tengo idea de qué clase de cosa pueda ser la que se sienta conmigo a la mesa, pero no es mi esposa. Y tengo razones de peso para pensar que intenta matarme.

»sembrar las dudas

Los críptidos de las grandes cuevas

Esta fotografía fue tomada en 1895 por un espelógrafo y fotógrafo amateur llamado Oren Jeffries, en una sección inexplorada de las Grandes Cuevas, en el Suroeste de Virginia. Al tiempo que fue tomada, Jeffries realizaba experimentos fotográficos, usando súper exposiciones para ver si era posible capturar alguna cosa en la ausencia total de luz, conocida también como “oscuridad de caverna”. Se posicionaba a nivel del suelo, extinguía su lámpara y abría la lente de su cámara de casera por tanto tiempo como el que fuera posible. Durante uno de estos experimentos, escuchó algo que parecía aproximarse a él, desde lo más profundo de la cueva.

Austado, Jeffries abortó el experimento y detonó uno de los flashes Blitzlicht que se empleaban típicamente para tomar fotografías. De acuerdo a lo que luego declararía en un periódico local, Jeffries había visto “3 criaturas humanoides”, mirándolo desde la oscuridad y había huido en seguida en la dirección opuesta, sin detenerse hasta llegar a la superficie. Varios días después, regresaría en compañía de otros tres hombres, para recuperar su cámara. Esta es la imagen que la cámara había captado.

»regresar por tu cámara

Vox y el Rey Beau

Perdón si esto parece demasiado improvisado, de hecho lo voy ordenando mientras escribo. Nunca pensé que un día se me ocurriría contarle a nadie estas historias.

¿Pueden entender por qué estoy asustada, verdad? O mi cerebro está dándole vida a todo esto, lo que es terrible, o Beau es real y ha vuelto para recolectar mi voz, lo cual es terrible, o hay algo que está cazándome, pretendiendo ser Beau, que es mucho peor. De verdad no sé qué hacer.

Ok, así que aquí vamos: “Beau y el lugar oscuro”:

»Aquí vamos

The Rake, en español

Un correo electrónico (2014):

DE: Juan Luis D[editado] M[editado]

PARA:”Desarrollo Empresarial 1″ [direcciones editadas];”Desarrollo Empresarial 2″ [direcciones editadas]

CC: ainternos@[editado].org.mx; seguridad@[editado].org.mx; soporte@[editado].org.mx

ASUNTO: RE: The Rake, en español

Estimados todos:

Como se los hice saber en la última reunión, el señor Eduardo [editado] ha dejado de pertenecer a nuestro equipo de trabajo desde el momento en el que los lamentables hechos del pasado sábado se suscitaron, teniéndolo a él como presunto responsable del tiroteo y las subsecuentes muertes y lesiones derivadas de este lamentable hecho. Durante mi carrera como director del departamento de producción Empresarial en [editado], han sido verdaderamente pocas las ocasiones en las que algún elemento de mi equipo ha manifestado un cambio de comportamiento tan inusual, repentino y desprovisto de explicación como en el presente caso y es por ello que antes de entrar a tema deseo reiterarles la presencia de los servicios de atención médica especializada a la que tenemos derecho TODOS, gracias a la póliza de servicios médicos con cobertura extendida que se nos ha facilitado por aprte de la empresa. Los exhorto a todos a hacer uso de los mismos de manera oportuna, de buscar el apoyo de sus famila y amigos y de atender cualquier cosa inusual que puedan llegar a enfrentar; su salud física y metnal es su responsabilidad.

Muchos de ustedes tal vez lo sepan, pero el mencionado sigue prófugo. Debido a la gravedad de los hechos y debido también a que formó parte de nuestro equipo de trabjo por tanto tiempo, es mi deber informarles que las autoridades han involucrado en su investigación de los hechos a la compañía solicitándonos nuestra colaboración en toda información que pueda llevarnos a la captura de su compañero; si alguno de ustedes ha mantenido comunicación con él o sabe donde se encuentra, lo invito a confesar ahora y ahorrarse el agravio de responder legalmente por un caso de complicidad no admitida, SEAN RESPONSABLES. Les solicito así mismo, eliminar el archivo adjunto que el mencionado mandó antes de desaparecer, dado que el mismo se encuentra ya en posesión de las autoridades y su contenido es considerado evidencia circunstancial de los hechos ocurridos este sábado. Mis oraciones van hacia la familia de las víctimas, así como a la propia familia de Eduardo.

JLDM

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La Historia de Fantasmas de Humper-Monkey

Capítulo 3

Estábamos dormidos o a punto de dormir en la sala comunitaria. Mann había estado intentando captar alguna señal en la televisión y luego de rendirse había optado por estudiar una revista porno. Nos pasábamos una botella de whisky, de a trago. Había un silbido suave que venía de los pasillos, de más allá de las puertas de las escaleras. Las puertas exteriores temblaban de vez en cuando haciendo que imaginara al oficial, con la piel pulida y blanca, arañando la madera con los dedos tiesos y descarapelados. Habían pasado seis horas desde que había salido a esperarnos en medio de la tormenta de nieve.

A nadie le molestaba que no hubiera regresado. Yo no me sentía diferente.

El silbido se volvió más intenso y algo cayó, haciéndome saltar.

—Relájate, Monkey, es sólo el viento —Mann cerró la revista porno y la dejó sobre la barra.

—¿Por qué no llamamos una misión de búsqueda y rescate?—. Señalé la terminal de comunicaciones. Había más de doce teléfonos conectados a cables muy gruesos para evitar que la comunicación se perdiera por el clima.

—Sólo uno de esos funciona. No conecta con una oficina. Justo ahora, nadie está del otro lado porque este puesto aún no es operacional—. Otro aullido se dejó escuchar de más allá. Temblé. Las luces del pasillo se encendían y apagaban, otras habían muerto. Mann miró por el pasillo.

»Quién está del otro lado

El legado de John Ulsted

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Esta fotografía muestra una guardia de honor de la Armada de la Unión, un mes antes de que marcharan a la batalla en Antietam (Septiembre de 1862).

El caballero a la derecha, John Ulsted, perdió la mitad de la cara y su brazo derecho por un cañonazo cuando la batalla dio comienzo. El origen y razón de los daños sufridos por la fotografía se desconocen.

Vox y el Rey Beau

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EL LUGAR CALLADO

Antes que todo lo demás, existía el Lugar Callado. Era muy oscuro y muy callado, y todo lo que ahí se encontraba estaba inmóvil. El lugar callado tenía un rey horrendo que robaba el aliento y odiaba todo lo que no estuviera en su reino. Todos los seres del lugar callado vivían con miedo y tristeza y no podían escapar de ahí sin que el rey los terminara cazando y comiéndoselos. Aún peor, el Rey los obligaba a venir a nuestro mundo para robarse cosas. Los habitantes del lugar callado robaban voces y memorias, cosas brillantes y juguetes, algunas veces, incluso corazones y gente. Algunos de ellos lo disfrutaba, otros no.

Beau odiaba al Rey. Odiaba estar triste también. Y odiaba que todo el mundo viviera asustado, porque aunque él nunca había tenido miedo de nada, eso significaba que nadie nunca jugaría con él o haría nada que no fuera lo que el Rey quería. Así que decidió que la única forma de resolver este problema era convertirse en rey él mismo.

(esta es la parte en donde comencé a comprender del porqué mi mamá quería hablar con un doctor sobre mí)

»hablar con un doctor sobre esto