Coldtom

Durante la segunda mitad del siglo XIV, hacia 1360, vivió un terrateniente llamado Waywick, en una área actualmente conocida como Cheddar, en Inglaterra, que terminó apropiándose de un sirviente muy singular, sobre todo tomando en consideración que los Waywick no contaban con ningún sirviente, excepto por el que apareció una tarde, luego del te. La hija mayor de Waywick fue la primera en notar la presencia de este hombre y creyéndolo primero un cliente (aunque con toda honestidad, habría sido un pintoresco cliente) y le informó que Waywick no se encontraba en ese momento.
Cold Tom, como pidió que se le llamase, miró desde la mesa de trabajo en la que se encontraba sentado y le contó a la moza que él era el sirviente de su padre y viviría a su servicio por el tiempo que su nuevo amo ordenara.
Y así, Cold Tom acabó viviendo con los Waywick, adoptando una curiosa combinación de mayordomo, jardinero, entrenador y negociante. EL señor Waywick terminó consultando a Tom por muchos motivos, muchos más de los que su familia creería prudentes; pues Tom ejercía un efecto muy curioso sobre él. Tom era más bien alto, excesivamente delgado y de cabeza demasiado larga, cubierta por un tipo de cabello apagado y casi blanco; su cara estaba partida con una marca en forma de fresa que contaba era una marca de nacimiento y que contrastaba con sus ojos, uno azul y uno verde, brillantes, sobre todo cuando no había luz.
Sin importar lo extraño que fuese, Tom siempre le fue fiel a los Waywick y siempre hizo lo mejor que pudo para servirles en todo. El único cambio de humor que tuvo lo provocó una travesura de Margareta, que, haciéndolo tropezar, provocó que un viejo jarrón de porcelana terminara hecho pedazos; nadie sin embargo, quiso hacerlo culpable.
Una mañana de un cuatro de abril, en el último año de 1360, la señora Waywick vino a encontrar una credenza en la cocina en donde nunca una credenza había existido. Era, Tom se lo explicó cuando ella preguntó, una credenza mágica. Él siempre había creído cruel al señor Waywick, por nunca regalar a su mujer un lugar tranquilo para descansar al menos un momento del trajín diario.
La señora Waywick quiso saber qué había dentro de la credenza y Cold Tom, con calma explicó:
—oh, a un lugar mágico donde todo menester es levantado de tus hombros y se vive en utópica calma y tranquilidad para siempre; debería verlo usted misma, —la invitó.
Cold Tom, respondió que ¡pero por supuesto que sabía! y sintiéndose apenado de nunca consentir a su esposa, le había pedido Tom que trajera este regalo para ella.
La señora Waywick no sabía qué significaba “utópica”, pero le preguntó a Tom si su esposo estaba enterado de todo esto.
Oh —dijo la señora Waywick —entonces está bien —y dicho esto, entró en el mueble.
Tradicionalmente, se cuentan 137 desaparecidos en el mueble durante esa tarde, que nunca fueron vueltos a ver por nadie; incluyendo al señor Waywick, su hija menor y la que le seguía, la nodriza, ocho de sus vecinos, la mayor parte de los niños del pueblo, el párroco y muchos de sus hermanos y hermanas.
Sólo la hija mayor de Waywick, Mary, permaneció afuera y así refirió todo a los hombres del rey, sobre lo que había pasado, contando que su papá “había entrado hace unos días, para intentar persuadir a la gente de salir de ahí, pero aún no había vuelto”.
De Cold Tom no se encontró el menor rastro, aunque en 1914, en una excavación arqueológica comenzada en la costa norte de la isla, en lo que se sospechaba la localización de un pueblo antediluviano, los arqueólogos encontraron unas escaleras que se hundían en la tierra, detrás de dos piedras monolíticas y una encima de otra.
Las escaleras llegaban hasta un cuarto subterráneo de unos veinte pies por unos dieciséis pies de ancho; el cuarto estaba lleno de cadáveres, poco más de cien, todos sentados con las rodillas debajo de la barbilla y los brazos amarrados a las piernas; los especialistas nunca pudieron explicar cómo es que, teniendo ropas que los remontarían a más de seiscientos años atrás, sus muertes parecían recientes.

 
 
 


Extraído de un libro para niños intitulado “un paseo por Waywickshire y otros cuentos de imposibles verdades”; pocas copias de este libro sobreviven. El autor de este cuento se llama Arthur Holmeswick.

Anuncios

corazón de autoestopista

Hay cierto tipo de autoestopista que sólo aparece durante la noche, en caminos silenciosos; salta casi a la existencia al ser rozados por la luz de los faros, sin letreros ni cartones, siempre con un rostro abatido; envueltos en capas de harapos, gruesos y sucios. Si levantas uno, será amable, pero no hablará mucho: el siguiente pueblo, la siguiente ciudad está bien, gracias; dirá, y se quedará ahí a un lado tuyo, tranquilo y normal, excepto si intentas matarlo.

Ofrecen poca, si no nada de resistencia. Bajo la ropa, las cicatrices bajo su piel forman patrones que despiertan cierta sensación de angustia, cierta sensación de temor. No tienen carteras. No tienen credenciales. Si abres su abdomen, son distintos a los hombres: no hay sangre, no hay músculos; sólo un hueco con un objeto en el centro. El objeto varía. Puede ser, por ejemplo, una moneda pesada, acuñada con símbolos que nadie reconocerá; un diamante, con lados y aristas afilados y capaces de cortarte un dedo en un solo movimiento; una pequeña vasija, irrompible, que huele como las olas del mar y está siempre húmeda.

Una vez que te haces de uno de estos objetos, tenderás a descubrirte más y más, manejando por la noche en caminos silenciosos. No querrás hacerlo y de algún modo, simplemente terminarás aquí. El ansia de tener uno más, te recorrerá el fondo de la mente, te empujará a bajar la velocidad en cada curva desierta hasta dar con una nueva silueta. Te intentarás decir que este es distinto, que este es normal; que sólo está de aventura o se ha quedado sin gasolina; escucharás, lejos, a la última parte de tu cerebro que ve lo que haces y te dirás que con este nuevo secreto, que con este nuevo prodigio bastará, será suficiente.

La puerta de Bernhard

 

191027A

 

La puerta de Bernhard (condición del sueño)

Los investigadores responsables de analizar los datos recolectados creen que todos, en algún momento, han experimentado La puerta de Bernhard.

32% de los sujetos entrevistados [de una batería de 1,300 individuos] reportan haber experimentado [una vez o más] sueños durante los últimos 5 años donde había una puerta. 16% recuerdan la puerta en alguno de sus sueños de la infancia, al menos a diez años de distancia de la entrevista. Un 19% adicional son capaces de recordar el sueño únicamente bajo la inducción de un estado de hipnosis.

67% en la batería de pruebas, han experimentado el fenómeno.

 

Descripción:

En la mayor parte de los casos, el sueño comienza en el hogar o casa que el sujeto habitó durante su niñez. En el sueño, el sujeto se encuentra solo, vagando por la casa [en algunos casos, en busca de alguna cosa]. La puerta es descubierta en un lugar oculto e inaccesible, comúnmente detrás de una pieza grande y pesada de mobiliario [un librero, una estantería]. El sujeto siente una fuerte sensación de Dejà Vu; como si siempre hubieran sabido que esa puerta existía, pero lo hubieran olvidado a través de los años. Adicionalmente, suelen sentir que casi recuerdan lo que hay adentro.

El sujeto es tentado a mover los obstáculos y entrar. La puerta por sí misma es casi siempre pesada y difícil de abrir [en algunos casos requiere de una llave, que ocurre que el sujeto, sin explicaciones, tiene]. Una vez abierta, la puerta da paso a una larga escalera que sube [aunque en un mínimo porcentaje, baja] a un nivel no visible desde el inicio del ascenso; un sentimiento de nerviosismo y miedo irracional comienza a crecer en el sujeto mientras sube los peldaños.

Los datos se vuelven inconsistentes a partir de este punto, las descripciones tienen amplias variaciones. Un escenario en particular cuenta con cierta frecuencia digna de análisis [alrededor del 27% de los casos]: el sujeto llega a un cuarto al final de la escalera. Aquí se encuentran con un juguete viejo, una pintura o una fotografía que parecen recordar vagamente de su niñez. Conforme el sujeto se acerca al objeto, este adquiere vida. El sujeto percibe que el objeto es “malo” y quiere lastimarlo o realizar un acto de hostilidad deliberado contra él. Los reportes varían en los sucesos subsecuentes, con algunos de los sujetos siendo “matados” por el objeto, mientras otros consiguen huir en una persecución angustiante.

§knock… knock… knock…

La Historia de Fantasmas de Humper-Monkey

Capítulo 7

Asesinos. Ladrones. Matones. Eso éramos.

Me quedé dormido alrededor de las 1900 y así pasé la noche. No dejamos guardia, no nos molestamos con nada. Todos estábamos hasta las manitas, algunos de nosotros lo suficiente para tener que vomitar en algún bote de basura antes de seguir tomando mierda.

Me desperté sin cruda. Encabronado. Era mi estado de default -estaba encabronado siempre. ¿Papá jode contigo, Todd jode contigo, el arquitecto de tus días jode contigo, el orientador vocacional jode contigo, joden contigo en los baños de la correccional, joden contigo unos putos fantasmas nazis, jode contigo el frío de Alemania? Yo diría que es momento de encabronarse. Encabronarse era parte de mi vida. Ser un puto soldado tiritando de frío, a oscuras, a miles de kilómetros de cualquier jodido tugurio que hubiera llamado casa iba a ser parte de mi vida; así que, qué tal.

Anduve mentando madres hasta el CQ y ahí tiré de varios cajones hasta que encontré un mapa de la base. Localicé el centro de carga eléctrica (¿dónde más iban a estar los putos fusibles?).

En la caldera

Pero dónde más. 

De acuerdo, sí esto iba a ser así, así sería. No tenía humor para sentirme intimidado por nazis muertos hijos de puta. Estaba demasiado peludito para creer en aparecidos y embrujos; esas cosas son para niños. Tiritando de frío. Encabronado.

§default

El Fantasma de Sarah Eustace

El hospital estatal Danvers (antiguo Manicomio Estatal Danvers) era un hospital psiquiátrico del estilo Kirkbride, construido en 1874 en lo que entonces era un lugar aislado de la Massachusetts rural. Como todos los asilos Kirkbridge, era famoso por su arquitectura gótica y el uso de técnicas terapéuticas para tratar la locura poco ortodoxas y ahora, obsoletas. Danvers es a menudo citado como la cuna de la lobotomía prefrontal y no se queda corto con este tipo de acreditaciones: fue la inspiración para el ficticio “Sanatorio Arkham” de las historias de H.P. Lovecraft que de paso, inspiraron al Sanatorio Arkham del universo de Batman, aquí fue, también, donde se filmó la película Session 9.

Esta última expuso la inagotable galería de túneles debajo de Danvers al ojo y el uso cinematográfico; no es incidental que los realizadores de dicha película eligieran esta locación, pues los rumores de sus apariciones y espíritus han perseguido al sanatorio por más de una centuria.

Una de las historias más famosas corresponde a la de Sarah Eustace, una paciente que escapó en 1955 y desapareció en el sistema de túneles. Sin importar la búsqueda y la cuarentena de una semana, aplicada para confinar y controlar el acceso al lugar, Sarah jamás fue encontrada. Se asume que murió allá abajo, sola, sedienta y perdida. Una enfermera de Danvers llamada Gil Malloy se obsesionó con la historia de Sarah y pasó buena parte de su vida buscando sus restos a través de los túneles. Aunque nunca encontró un cuerpo, tomó esta fotografía hacia 1966, que sugiere otro tipo de hallazgo.

Más información

Un parpadeo de Dios

El 25 de Marzo a las 14:57 hora de Greenwich, el mundo se detuvo por 27 minutos y 54 segundos. No hubo sacudida repentina, nadie se quedó inconsciente, no hubo una ida a negros y de regreso.

Para todos, el tiempo pareció estar y seguir normal: un segundo después del otro. Los pájaros volaron, la gente habló, el viento sopló, la lluvia cayó; nada pareció indicar que algo inesperado le hubiera ocurrido a los habitantes del mundo. Para ser capaz de notarlo debiste tener una perspectiva externa de planeta y sus torpes satélites artificiales; La NASA y las agencias espaciales por ejemplo, que perdieron comunicaciones satelitales y señales entrantes de casi media hora. Naturalmente, la primer conjetura descansaba en un problema de las computadoras en Tierra; pero esto acarreó una pregunta más grande -un error en una computadora es posible, pero, ¿todas las computadoras de los centros espaciales alrededor del planeta, con la misma falla, al mismo tiempo?

La siguiente conjetura descansó en la posibilidad de un virus o una brecha de seguridad informática, un hacker. Un equipo internacional se ensambló con la finalidad de investigar lo que debía ser la mejor y más gigantesca operación coordinada de toda la historia, cuando los primeros reportes de astrónomos confundidos y preocupados comenzaron a arribar; con ellos, la verdadera dimensión de lo que en realidad había ocurrido.

Utilizando datos extraídos de los observatorios telescópicos en Jodrell Bank, Palo Alto, Mount Pleasant y otros a lo largo del mundo, contrastados contra los registros estelares y los modelos computacionales vigentes del vecindario galáctico, pudo determinarse que durante veintisiete minutos y cincuenta y cuatro segundos, la tierra perdió sincronía con el resto del continuo conocido de espacio-tiempo. El mundo como lo conocemos, parpadeó fuera de la existencia durante este lapso y luego regresó sin ningún cambio, como si nada hubiera pasado. Para toda referencia y resumen, durante esa breve ventana de tiempo, todos dejamos de existir.

El equipo de investigación internacional fue reasignado, se firmó un cheque en blanco, poniendo a disposición el máximo de recursos y atrayendo a las mayores mentes de todos los campos científicos, para investigar este hecho bajo la mayor confidencialidad posible. Nadie necesitó una explicación del pánico resultante de volver esta información pública antes de encontrar una racional y ojalá que tranquilizante explicación. Aquellos que no deseaban guardar silencio, fueron invitados a colaborar con métodos menos ortodoxos.

Al margen de los distintos nombres códigos asignados a los equipos de investigación, aquellos involucrados en el hecho comenzaron a llamar a la anomalía, con cierto tono cómico: “el día que dios parpadeó”. En conversaciones casuales entre los miembros del proyecto, eventualmente esto terminó siendo acotado bajo el término de “el parpadeo”.

  §reiniciar…

La Historia de Fantasmas de Humper-Monkey

CAPÍTULO 2

—¡ARRIBA TODO EL PUTO MUNDO, TODOS, DE PIE, QUÉ CARAJOS ESTÁN HACIENDO DORMIDOS, POR QUÉ NO ESTÁN EN LOS DORMITORIOS!

Abrí los ojos despacio. Me dolía el cuello de dormir en la silla y aún tenía el lag del vuelo. Soñé que estaba atrapado en un lugar grande y oscuro, con algo respirando detrás de mí, no importa hacia donde me volteara. Estaba contento de despertar, pero el gritón hijo de puta iba a tener el honor de una madriza mañanera.

Aún no salía de los escombros de mis sueños cuando ya había saltado para ponerme de pie. Mi vista borrosa se posó sobre el sobretodo de un hombre con la barra dorada de teniente en su hombro. Estaba enojado, pateando sillas y sacudiendo a todo el mundo.

Me había quedado dormido en uniforme, aún estaba algo manchado de carbón y mis botas estaban polvorientas. Mis ojos ardían y sentía el cansancio como un peso en los huesos.

—¡ESTE ES EL PUTO EJÉRCITO, NO UNA GUARDERÍA, ARRIBA!

Se las arregló para gritarnos hasta que logramos una formación de cuatro por cuatro. Se paró delante de nosotros.

—Ustedes son el remedo de mierda más lamentable que he visto. ¿quién es el suboficial? —nos miramos entre nosotros.

—Yo, señor. —Un tipo con el cabello gris dio un paso al frente. Ay dios. Todo lo que tenía en el uniforme era un rango de cabo. Todo el mundo alrededor eran especialistas, cabos y yo.

—¿Quién es el oficial a cargo de esta manada de pendejos?

—Ustéd, señor. —Respondió el cabo, reprimí la sonrisa apretando los dientes.

»Órdenes

Barbie.avi

I

Hola. Esto me pasó hace algunos meses. Necesito contárselo a alguien.

Todo comenzó en la fiesta de un amigo. Él es un artista que tiene rentado un departamento en el parque industrial de la ciudad. Si sabes cómo se veía Detroit en 1920, sabes cómo se ve este lugar: un racimo de fábricas de hace más de un siglo que se abre paso a lo largo de unas diez cuadras. La mayoría están abandonadas.

Se me pasaron un poco las copas y me quedé dormido en uno de los sillones. Desperté alrededor de las 4 de la mañana, el sol aún no había salido pero las cosas ya se podían ver con la leve luz de esa hora. Anduve al baño caminando de puntitas, entre los huecos que otras personas repartidas por el suelo dejaban entre si. Mientras orinaba me asomé por la ventana del baño y me encontré con un paisaje desierto. Recuerdo cuanto solían gustarme los lugares así, sombríos y poblados de pistas sobre lo que alguna vez fueron; como detenidos a un momento de ser devorados por el tiempo.

»Reproducir

Prisiones

En la casa a la que nos mudamos existía una puerta enorme y metálica en el sótano, escondida en el rincón más lejano. El casero nos contó que el propietario anterior la había dejado ahí, sin añadir ninguna llave para ella en el juego que le entregó cuando se la vendió. Había intentado abrirla, claro, pero ni siquiera un cerrajero profesional o un soplete habían logrado nada. El precio de la renta nos hizo ignorar el detalle como un asunto menor en favor de todo el espacio con el que contábamos; el espacio que pudiera tener del otro lado era, a fin de cuentas, algo que no necesitábamos.

Apenas algunas semanas después de que nos mudamos comenzamos a tener algunos problemas. Cosas comenzaron a perderse, a veces cambiando de lugar sin que nadie recordara haberlas movido y cosas desapareciendo por completo. Mi hermana menor juraba escuchar pasos en las escaleras del sótano a media noche y este mismo solía ponerse de verdad helado. Lo peor fue cuando todos comenzamos a ver sombras y a escuchar los rasguños. Un día yo mismo pude ver una sombra, flotando por el pasillo, saliendo de mi cuarto.

Las visiones comenzaron a incrementarse. Mi familia se las arregló para ignorarlas, pero yo, con un poco más de curiosidad que de miedo, comencé a seguirlas; envalentonándome cada vez más hacia el lugar en el que siempre desaparecían. Una noche llegué hasta la puerta del sótano, la siguiente a las escaleras y finalmente, una noche, hasta el rincón más lejano ahí abajo. Incluso siendo una noche de verano el lugar estaba ridículamente helado, lo suficiente como para que pudiera mirar mi propio aliento salir de mi boca.

»knock

Evolución artística

El alejamiento progresivo de la realidad hacia una fantasía desbordante se encuentra claramente trazado en esta extraordinaria serie de pinturas realizadas por el artista de principios del siglo XX, Louis Wain. Durante veinte años, Wain pintó retratos caricaturizados y realistas de gatos que captaron la atención del público londinense; su inmensa popularidad lo llevó a ilustrar calendarios, álbums y postales. Pasó la mayor parte de su vida viviendo en reclusión, junto a tres hermanas solteronas y diecisiete gatos.

A los 57 años, los atisbos de la psicósis que luego dominaría su vida comenzaron a emerger, tanto en su vida personal como en su obra; convencido de que sus enemigos eran capaces de influir en su mente por medio de impulsos eléctricos, sus retratos adquirieron un tono ominoso.

»Qué tan mal

Globo

Cuando tenía cinco años fui a un kínder que, desde lo que puedo recordar, estaba enfocado en la importancia del aprendizaje a través de la experiencia. Era parte de una iniciativa basada en el ritmo propio de aprendizaje de los niños; tal vez para facilitar esto era que la dirección permitía que los maestros crearan programas de trabajo muy inventivos. Cada maestro se enfocaba en cierta área de especialidad y formaba grupos que duraban durante todo el año, en la dirección de su área de conocimientos. Los grupos tenían nombres: había un grupo espacial, un grupo marino, un grupo terrestre; yo estaba en el social.

En este país, durante el kínder, aprendes tanto como amarrarte bien los zapatos y compartir cosas, no hay mucho más que recordar. Recuerdo un par, muy claramente: que fui el primero en aprender a escribir correctamente mi nombre y el proyecto del globo; la piedra angular del grupo social, que pretendía describir en un nivel muy simplificado, cómo es que funciona una comunidad.

Probablemente has escuchado de esta actividad. En un viernes (recuerdo claramente que era un viernes, porque había estado emocionado por el fin del proyecto durante toda la semana), hacia comienzos del año, entramos una mañana al salón para encontrar un globo flotando y unido a nuestro pupitre con cinta adhesiva. En cada uno de nuestros pupitres, había un plumón, una pluma, una hoja de papel y un sobre de carta. El proyecto consistía en escribir una nota, meterla dentro del sobre y pegarla al globo, en el que podríamos dibujar algo con el plumón, si queríamos. La mayoría de los niños comenzaron a pelear por los globos, porque querían un color distinto, pero yo fui directamente a escribir mi nota, porque era en lo que había estado pensando.

Todas las notas debían seguir una estructura básica y flexible dentro de cuyos márgenes se nos permitía ser creativos. Mi nota decía algo así:

¡Hola, encontraste mi globo!, Mi nombre es [mi nombre], y voy al kínder [nombre del kínder]. Te regalo mi globo, pero me gustaría que contestaras mi carta, me gusta Bob Esponja, explorar, construir fuertes, nadar y estar con mis amigos. ¿A ti qué te gusta? Ojalá me escribas pronto. Te dejo un dólar para el correo.

En el dólar escribí, a lo largo PARA LAS ESTAMPILLAS, lo que mi mamá me dijo que no era necesario, pero yo creí que sería un detalle genial.

»Mantener correspondencia

Sello de aire

Cuando el juego comienza, estás solo en un refugio, tachas otro día en el calendario y comienzas a revisar tus cosas; estás preparando tus cosas para salir al pueblo más cercano. Subes los cierres del traje y sellas la máscara. La luz verde en tu medidor de oxigeno te avisa que cuentas con suficiente para sobrevivir afuera. El mundo se detuvo cuando el aire comenzó a terminarse. Una inmensa mayoría ni siquiera tuvo tiempo de enterarse de lo que estaba ocurriendo, hasta que fue muy tarde. No era como la humanidad misma se lo había imaginado: rápido y sin las explosiones y las masas de gentes alteradas corriendo por las calles a las que nuestras películas nos tenían acostumbrados; nadie hubiera imaginado un apocalipsis más silencioso. La gente simplemente se desmayó justo donde estaba; no hubo tiempo para evacuar —¿y a dónde evacuar? Los sobrevivientes fueron aquellos que habían planeado con antelación, que se habían preparado para lo imposible; su herencia fue un mundo solitario y muerto; con mucho tiempo para pensar y reflexionar.

No hubo destrucción en las grandes urbes; así que cuentas con un enorme territorio para explorar y buscar tesoros, sin quitarle la vista de encima al medidor, por supuesto; el medidor está en tu ropa, no hay ninguna interfase extra, así que tienes que mirar hacia abajo para verlo; si llegas a olvidarte de él, estarás frito en menos de lo que te imaginas, a menos que puedas encontrar aire de algún modo. Tu campo natural de exploración está conformado por vecindarios abandonados, patios de escuela, edificios departamentales y rascacielos. La falta de aire ha preservado a los billones de cuerpos, convirtiendo al planeta en un mausoleo de cuerpos secos llenando las calles y los edificios.

Tu único contacto y garantía de que alguien más ha sobrevivido, es una voz, lejana, que tiende a responder por un radio de onda corta. No conoces su idioma, y no conoce el tuyo; pero han pasado años así, hablándose sin entenderse, intentando llegar a algún acuerdo al respecto de alguna palabra de la cual partir; ha sido imposible. Un día, tu contacto deja de responder a la frecuencia en la que la encuentras; la decisión es libre: intentar, con tus limitados recursos, llegar hasta donde crees que se encuentra, o permanecer aquí, escuchándote respirar en la vasta tumba de la humanidad.

El arte de Jacob Emory

¿Fantasmas?, nah, muchacho, no hay historias de fantasmas en este pueblo. La única historia que contamos, con ese corte, es la historia de Jacob. ¿De verdad quieres escucharla? bueno, no es una historia verdaderamente interesante, creo, y además, se supone que nadie debería de hablar de eso, pero de acuerdo; sólo te advierto que no tengo paciencia para las interrupciones, y que no conozco todos los detalles.

Ahora bien, veamos… cómo describir a Jacob Emory… se trataba de la clase de tipo que jamás notarías de un primer vistazo; no que fuera una mala persona, de ningún modo, de hecho muchos por aquí creíamos que se trataba de alguien bastante confiable, pero en realidad nunca llegó a destacar por motivo alguno. Era el ejemplo perfecto de abarcar mucho y dominar nada. Falta de fuerza de voluntad, más que otra cosa.

Llegó a aceptar cada empleo y oficio que este pueblo podía ofrecerle: venta de carros usados, operador de radio, encargado de bodegas y empleado de mostrador; lo que se te ocurra, pero nunca se quedó en algún lugar por demasiado tiempo. Sus empleadores, incluso los amigos que llegó a hacer en esos trabajos llegaron a insistir para que no renunciara, pero siempre recibieron la misma respuesta: “el problema es que no es suficiente”, no haría falta agregar que los amigos que logró conservar debían de tener una paciencia enorme, o al menos ser capaces de no abordar el tema de manera seria.

Fue así que terminó siendo inevitable que, en algún momento, Jacob decidiera dejar el pueblo. No recuerdo a dónde se fue, pero creo que Gertrude, la vieja que vivía una cuadra más abajo lo hubiera recordado. El caso es que nadie intentó detenerlo. De hecho, muchos llegamos a pensar que el kilometraje le haría bien, que terminaría dándole carácter, o que al menos lo arrastraría a algún sitio, una ciudad, en donde ese problema no resultara tan grave. Carajo, incluso le hicimos una fiesta de despedida, que de verdad es un detalle muy inusual por aquí.

Total que se fue por… ¿seis, siete años?, algo así; y cuando volvió era otro. Se mostraba como una persona segura, firme y muy enérgica, sonreía todo el tiempo, y pronto todos nos enteramos del motivo. Andaba por el pueblo enseñándole a todo el mundo una varita de color negro, del tamaño de un lápiz y la textura de un gis. Muchos se llegaron a preguntar qué tenía que ver esa varita con su cambio de actitud, y después de crear cierta expectativa, Jacob reunió a algunos de nosotros y nos dio una demostración: Tomó una pieza de papel y con su varita -no se me ocurre cómo más llamarla-, con su varita él… él dibujó un círculo algo chueco.

§Dibujar

el cine

¿Alguna vez jugaste The Teather?, claro que no, apenas eras un bebé. Lo regalaban en las tiendas. En ocasiones venía emplayado a otro juego. Todo lo que la portada y la contraportada del empaque mostraban era al boletero. Alguien lo bautizó así, el boletero. Caucásico, calvo, labios grandes, chaleco rojo, camisa y pantalón de vestir. La calidad gráfica era horrorosa y aún así, muchos coincidimos en que su expresión más bien parecía la de un hombre ausente, la de un hombre soñando despierto. Éramos muy imaginativos.

Llegué a escuchar que romper el disco cambiaba ese vago trazo pixelado de ausencia, pero ni ahora ni entonces eso me sonó como algo más que una leyenda urbana; creo que eran tiempos distintos, mucho más inocentes. Aún así, el empaque no tenía nada escrito en los costados o los márgenes, ningún estudio de programación, ninguna empresa, ninguna firma, ni siquiera el típico símbolo de copyright acompañaban al boletero en esa mínima portada.

Lo que llegaba muy pronto a tu cabeza, mientras mirabas el empaque, lo abrías y extraías un disco sin ningún dibujo para introducirlo en el ordenador, era la sensación incuestionable de que te encontrabas delante de algo que no había sido terminado, que no estaba completo; uno de esos juegos piratas que emplean alguna tendencia para hacer algo de dinero, no recuerdo como los llaman… o bien, un prototipo que nunca estuvo destinado a ver la luz.

§Reach the other levels

Cartas, manuscritos y otros registros escritos por el coronel Percy Harrison Fawcett fueron antologados por su hijo, Brian, en “Lost Trails, Lost cities” (Funk &Wagnalls; 1953. También editado bajo el nombre Las exploraciones de Fawcett). En esta crónica, el coronel detalla su expedición en Matto Grosso, Sudamérica, dedicada a la búsqueda de las ruinas de una antigua ciudad perdida (la llamaré simplemente, “Z”, apuntó), entre 1906 y 1925. La última entrada de su diario está fechada al 29 de Mayo de 1925, pero su historia continúa un poco más.

El interés esotérico de Fawcett abrió la posibilidad de más de una interpretación conjetural sobre su expedición. Fawcett era propietario de un ídolo esculpido en basalto, donado por nadie más que sir H. Ridder Haggard y al respecto escribió:

§ perderlo…