Vox y los buscadores

He vuelto. Como lo prometí, he estado escribiendo las historias para publicarlas en el foro un poco más rápido. La verdad he pasado la mayor parte del día durmiendo. Luego del último hilo ya no supe de mí. La noche fue tan callada y aquí en mi pequeño rincón del mundo, llueve y todo está helado; es el clima perfecto para dormir. Entré y salí de mis sueños toda la noche. Algunos eran recuerdos. Otros no tenían sentido. Muchos de ellos trataban de Beau. En uno, estaba cayendo.
No puedo decir que esto me esté consumiendo, pero de verdad me pesa en la mente. Mi cabeza duele mucho, el dolor viene y va, pero cuando viene, es horrible. Hay un zumbido en mis oídos tan intenso entonces, que he terminado por apreciar esos espacios de silencio absoluto que aparecen de pronto. Sólo ha ocurrido una vez hoy, el silencio.
Lo siento, tal vez suene demasiado lastimosa, sólo quiero detallarlo todo, tanto como me sea posible, por los lectores que me han acompañado hasta aquí. Si no fuera por estas sesiones de escritura, creo que a estas alturas ya hubiera decidido internarme en algún lugar. No puedo evitar pensar que hay algo al respecto de estas historias, que si las dejo desaparecer ahora, nunca las volveré a encontrar.
Sé que he prometido escribir Beau y los Robaniños, pero creo que es necesario hablar de algunas cosas antes, así que sin más preámbulos, esto es:

 
 

Vox y los buscadores

Antes de que todo esto comenzara nunca me había dado la oportunidad de recordar. Mi tiempo con Beau era sólo otra parte de mi niñez, algo en lo que pienso cada vez menos. Creo que alguien me pidió, la noche anterior, que elaborara un poco más sobre mi vida y este es un buen momento; no hubo nada extraño en la forma en que crecí. Mi padre nos dejó a mi y a mi mamá antes de que yo naciera (no sabía que mi mamá estaba embarazada para ese momento), pero el divorcio fue muy civilizado y yo veía a mi papá cada fin de semana, en las vacaciones y el verano. Él es una buena persona, de la misma forma que mi madre; simplemente fue una de esas relaciones que no lograron darse, pero nunca dejaron de querernos, ni a mí ni a mi hermano. Además de eso, éramos una familia normal, como cualquier otra en este país.
Ahora que me he tomado el tiempo de escribir las cosas y examinarlas, pude verme a mi misma, creciendo y cambiando. Los juegos que Beau y yo jugábamos tuvieron un efecto en mi, así hayan sido reales o no. Tal vez me estaba convirtiendo en un ser humano real, capaz de razonar, en lugar de las pequeñas fierecillas que en realidad somos cuando niños. Tal vez Beau me estaba enseñando algo. Aún así, no creo haber platicado lo suficiente de nuestros juegos y de la forma en la que cambiaron mi percepción del mundo que me rodeaba.
Beau amaba jugar a las escondidas. Amaba probar que podía cazarme y encontrarme en cualquier lugar en el que se me ocurriera esconderme. Mamá siempre se preguntó por qué me sorprendía tanto que Beau pudiera encontrarme. Para ella, Beau era un producto de mi imaginación. Yo amaba jugar con él, verlo feliz me hacía feliz. Mi peligrosísimo amigo, ególatra, feroz, psicótico y robavoces, pero mi amigo a fin de cuentas.
Un día le pregunté a Beau porqué le gustaba tanto jugar a las escondidas.
—¿A ti no?, tu especie siempre está jugando este juego.
Le pregunté qué quería decir con eso. Nadie que conociera disfrutaba de esconderse. Sólo cuando jugábamos, o cuando estábamos en peligro, cuando no queríamos ser encontrados. Me regaló otra de sus enormes sonrisas y se inclinó para hablarme al oído. En retrospectiva, me inquieta mucho que sus labios nunca se movían al hablar.
—Esta es la razón por la que siempre pierdes, Jeep: no entiendes cómo se juega. Tu especie puede ser muy buena para esconderse, pero ser un buscador es mucho más divertido. Hay muchísimas cosas que quieren encontrarte. Si jugamos, puedo mostrarte, pero tú te escondes primero.
Tal vez era joven e impresionable, pero también había comenzado a ser un poco más inquisitiva.
—Creo que estás buscando un pretexto para jugar.
—Abre tus sentidos —dijo en un tono que sonaba casi como una orden, —veámos qué te encuentra primero.
No sé muy bien a qué se refería con eso, pero se dio la vuelta contra una pared y comenzó a contar. Las sombras lo volvieron un poco difuso y además rodeó su cabeza con sus enormes manos, dejando claro que no estaba espiando. Era el fin de la conversación, si insistía sólo terminaría perdiendo el juego, así que empecé a correr. En realidad, el día lluvioso me había dejado con pocos escondites. Mi abuela, que se supone se encontraba cuidandome, estaba dormida en la sala y sabía que las elecciones obvias, como las alacenas o los closets, serían el primer lugar en donde Beau buscaría y que con estas condiciones nunca solía esconderme en el cuarto de huéspedes, que parecía tan obvio que seguro ahí no buscaría.
Parte del truco para ganarle a Beau consistía en confundirlo. Sabía que seguía rastros metódicamente, hasta que terminaban, no importando por qué o en dónde. Tomaba plena ventaja de esta obsesión. Abrí y cerré la puerta de una alacena mientras andaba, sólo para dejar que lo escuchara. Dejé un montón de ropa para lavar en el suelo de mi cuarto, el suficiente para dar la impresión de que una niña podría caber debajo y entreabrí la puerta del cuarto de mi hermano para que pareciera que justo alguien había dejado de vigilar. Estos rastros falsos lo frustrarían, tal vez dándome oportunidad suficiente para cambiar de escondite.
El baño en el cuarto de invitados no solía ser usado y siempre estaba lleno con las toallas de invierno y pequeños jabones de muchos hoteles; olía a vainilla. Entré de puntitas y cerré la puerta detrás de mí, antes de meterme en la tina y cerrar la cortina para esconderme. La única luz venía de una pequeña lámpara de contacto con forma de concha de mar. No estoy seguro de por qué la teníamos ahí. Acostada en la bañera y echa un ovillo, cerré mis ojos y me concentré en mi respiración para no delatarme y poder escuchar a Beau mientras avanzaba por la casa.
Ahora, obviamente, el Rey Cazador Guerrero del Lugar Callado no iba a permitir que una niña de cinco años se la jugara, pero puede que se divirtiera tanto durante el juego como cuando ganaba. Lo escuché abrir una serie de puertas de alacena y cajones. Beau me estaba dejando saber, con ese sonido, que el juego había comenzado. Intenté escuchar más, por encima de mi corazón acelerado y no pasó mucho cuando escuché un tipiteo en la puerta del baño. La perilla de la puerta tembló, el suelo crujió al responder al peso de alguien deteniéndose delante.
Esto me extrañó. Beau nunca había necesitado abrir ninguna puerta. La única vez que llegó a molestarse, lo hizo mientras nos encontrábamos jugando al teatro. La puerta se abrió y lentamente giró sobre sus goznes, libre, hasta chocar con el freno fijo al suelo. Justo entonces consideré que quiénquiera que hubiera abierto la puerta, podía ser alguien más. Me concentré en escuchar, mis esfuerzos me devolvieron una respiración lenta, difícil, ajena.
Con tanto miendo como llegué a sentir, me obligué a abrir los ojos, sin moverme. Desde donde estaba podía ver solamente una parte de la cortina y del techo, arriba de la regadera. No me atreví a mover un solo músculo para mirar mejor, pero pude ver cómo algo se encontraba entre la luz de la concha del baño, formando una sombra muy débil, apenas visible.
—Vox, ¿amor, entraste aquí?
La voz pertencía a mi abuela. Temiendo ser castigada, casi respondo, pero lo que Beau me había dicho detuvo mi voz al instante.
—¿Querida?
El ser se arrastró sobre el suelo de mosaico, casi al mismo ritmo al que lo harían los pasos de mi abuela. La silueta era casi del mismo tamaño que el de ella y aún así, me encontraba helada delante la posbilidad de que eso era casi mi abuela; algo que estaba jugando con mi confianza en un esfuerzo por hacerme salir. Bien podía tratarse también de una nueva treta de Beau y si era así, no le daría la satisfacción de engañarme.
—Ah, ya veo. Estás jugando con tu pequeño amiguito, ¿verdad?, ¿cómo dices que se llama, Bob? ¡Sal de donde quiera que estés, Bob está aquí y quiere verte!
No podía ser Beau. Su vanidad nunca le hubiese permitido jugar con su propio nombre. Desde su perspectiva, todos en el universo tenían la obligación de aprender y pronunciar correctamente su nombre. En ese momento, desde la cocina, pude escuchar una alacena cerrándose de pronto. Beau aún me estaba buscando, eso significaba que estaba a solas, con la cosa con la voz de mi abuela.
El ser hizo una pausa al escuchar la alacena. Se arrastró más cerca de la tina. Entonces pude escuchar otra cosa. Era un tono muy bajo, no era tan fuerte como para llamarlo una vibración y era apenas lo suficiente como para creer que se trataba de mi mente. Por alguna razón, el sonido hizo que mi estomago se hicera nudo y mi corazón se disparara como si quisiera salir corriendo desde mi boca.
—Vox, esto no es gracioso. Voy a contar hasta tres y si no has salido cuando termine, voy a tener que contarle de esto a tu mamá cuando llegue.
No quería esta cosa cerca de mi mamá de ningún modo.
—Uno…
Aguanté la respiración y miré como la débil luz desaparecía casi.
—Dos…
El zumbido estaba a punto de hacerme gritar. Me salieron algunas lágrimas de los ojos. Solamente era una niña. Estaba acostumbrada al monstruo que me dejaba cantarle, no al que tomaba la forma de mi abuela y amenazaba con hablarle a mi mamá. Quería gritar, saltar y correr, pero no había forma de que pudiera escapar si lo hacía, lo sabía, muy dentro de mí.
—Tres…
La cortina de la regadera comenzó a moverse. Una cara se formó contra el patrón de flores. No tenía rasgos únicos. Pudo haberse tratado de mi abuela, pero también podía tratarse de mi papá o de mi maestro de química. El zumbido no subía ni bajaba, no cambió ni siquiera cuando la cosa estuvo prácticamente encima mío. El bulto parecía mirar directo hacia adelante, y mientras el bulto no se movió, la voz hizo eco en la tina.
—Ahora, ¿dónde se metió esa niña traviesa?
No pude soportarlo más. Se me salió un pequeño quejido. La cosa se congeló al instante, y yo estaba por completo segura de que todo había terminado. No tenía idea de lo que me iba a pasar, pero sabía que no era bueno. Había escuchado suficientes historias de Beau para ese momento como para saber que estas cosas no suelen jugar juegos ni cantar. El zumbido cesó. El bulto desapareció de la coritna y un momento después, escuchaba a la cosa arrastrarse lejos de la tina. Lo que remplazó al zumbido fue un silencio que me pareció tranquilizante.
Me quedé ahí por lo que pareció toda una vida antes de juntar el valor de asomarme un poco. Había una silueta en la puerta, alta. Una silueta que conocía.
—¿Beau? —dije en voz muy, muy baja. Mis labios temblaban. Moví la cortina y vi su rostro pálido, inclinado hacia mí, mirándome.
—Al parecer no gané. —dijo, pelando una sonrisa.
Quería golpearlo e insultarlo, pero no se me ocurría ninguna grosería. Se me ocurre una, ahora: Beau, pedazo de cabrón. Incluso entonces sabía que estaba ahí, esperando y probablemente divertidísimo, mientras la cosa con la voz de mi abuela me asustaba. No le dije nada, sólo le volteé la cara. Pareció notar que estaba molesto y se interpuso en mi camino fuera del baño.
—¿Aún no entiendes las reglas del juego? Siempre hay buscadores dispuestos a encontrarte Vox, pero sólo pueden encontrarte si tú quieres ser encontrada.
Di un salto cuando escuché la voz de mi abuela haciendo eco desde la cocina. Estaba llamándome para la cena.
—¿De verdad es ella?
Beau se encogió de hombros, o lo que pasaba por el ademán, viniendo de él.
Inflé las mejillas y reuní mi valor, dejando a Beau en el baño. Mi abuela estaba en la cocina, esperándome con algo para merendar. La abracé lo más fuerte que pude, y cuando me preguntó por qué estaba llorando, le dije que me había lastimado un pie al bajar las escaleras.
Lo admito, cuando Beau me llamó desde mi cuarto mientras yo me encontraba con mi abuela mirando la programación de novelas de la tarde y aburriéndome hasta la muerte, no me sentí demasiado feliz, pero me sorprendió un poco. Supuse que quería terminar con el juego.
—Ha dejado de llover. —insistió —Te toca buscar. Si dejamos el juego sin terminar, rompemos las reglas.
Alegué que la casa era una mejor alternativa y Beau me amenazó con dejarme sola con la cosa abueloide. Me dijo que sabía dónde encontrarla. Podría traerla aquí, a terminar cualquier asunto que tuviera pendiente. Contrarrestré con no cantarle más durante la semana. Ganó con el ofrecimiento de robar mi voz y tener todas las canciones que quisiera, para siempre. Terminé en la esquina. Conté hasta diez con molestia. Cuando me di la vuelta me sentía por completo segura de que Beau no se encontraría en la casa. Hasta ese momento, habíamos pasado demasiado tiempo dentro e incluso para Beau, el exterior era demasiada tentación. Le avisé a mi abuela que iba a salir al patio trasero.
La casa en la que vivíamos era la misma en la que mis padres habían vivido juntos. El antiguo cobertizo para herramientas de mi padre aún se encontraba en pie, en uno de los rincones del terreno, abandonado por años. Se me había prohibido jugar ahí. Nunca regresó por sus herramientas. Había toda clase de cosas y sustancias como pesticidas, goteando ahí dentro. Lo usual era que estuviera cerrado, pero ahora podía notar la puerta entreabierta. Me pregunté por qué Beau estaba intentando meterme en un problema, pero de cualquier forma terminé animándome a abrir la puerta.
—¿Beau? —susurré, asomando la cabeza, —no se supone que debamos estar aquí, me van a regañar.
Le di un vistazo al cuarto, intentando mirar un poco más allá de la podadora, de la mesa de trabajo y las luces de navidad, que junto a otras cosas formaban un collage típico de lo que cualquier familia suburbana almacena. Estaba en el rincón más lejano del pequeño cobertizo, detrás de un Santa de plástico y un viejo bote de basura: un bulto que no parecía corresponder con todo lo demás. Con un repique de triunfo, di un paso dentro, abriendo la puerta un poco más para que la luz llegara hasta el grumo de oscuridad en el rincón. Esta luz provocó un reflejo proveniente de una vieja sierra, colgando en uno de los muros y esa sierra fue lo que provocó que diera un paso fuera y cerrara la puerta de golpe.
Estaba en el reflejo difuso del metal de la sierra: una cara que, incluso distorsionada por la forma del material, no podía pertenecer a Beau; boquiabierta, de ojos oscuros y amplios. No sentí que la cosa me hubiera visto, pero no pensaba regresar para confirmarlo. Lo que había visto bien pudo ser el resultado de la combinación de algunas decoraciones botadas ahí también, justo como la cosa abueloide pudo haberse debido a mi imaginación hiperactiva, pero como Beau había dicho, ellos sólo podían atraparme si era eso lo que quería.
—¡Beau! —grité desde el patio —¡ya no juego!
Escuché su voz flotar desde detrás de un árbol.
—He matado por menos… de cualquier forma, no me habrías encontrado.
No quiero dejar la impresión de que estaba llevándome mi balón a casa, porque no creo que eso es lo que pasó aquí… pero tampoco tengo muy claro cómo explicar esto. Supongo que me siento como una invitada, soy yo la que está pidiendo ayuda y en realidad nadie tiene por qué leer mis historias tontas de la niñez, o descender a la esquizofrenia conmigo. Trato lo mejor que puedo.
Ya no recuerdo a qué iba con esto, lo que me asusta un poco, así que supongo que eso es todo. Ahora necesito dormir… regreso luego.

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Preguntas y respuestas

Lo siento, me está llevando una eternidad escribir cosas últimamente. Todo me tiene frita, pero siento que esto debo terminarlo. Lo último que puedo hacer es al menos responder algunas preguntas.


 
 
 
Anónimo: Yo tengo preguntas. Además de toda la situación de Beau, ¿cómo describirías tu vida por entero justo ahora? ¿estás feliz?, ¿estresada?, ¿hay algo que te moleste?, ¿cómo van la escuela/trabajo, tus amigos/familia?
De hecho mi vida ha estado muy normal. Tengo un buen trabajo, un departamento aceptable y he superado lo de mi ex. Mi familia y mis amigos son buenos conmigo, son relaciones estables. Es por eso que tengo la sensación de que esto ha salido de la nada. Soy tan promedio como una persona promedio puede serlo.

Anónimo: Vox, ¿cuáles son las dimensiones de Beau?, basado en la descripción de tus sueños, me da la impresión de un Michael Jackson con manos esqueléticas, piel pálida y una vestimenta rara. ¿Es alto, puedes describir un poco más su voz, cómo es su cara, tiene los pómulos altos, su cabello? ¿Sus colmillos son como los de un lagarto, en forma de cono, son como los de un tiburón, son cuchillas como los de un dinosaurio?
Es bastante difícil describirlo a detalle porque todo al respecto de él es demasiado lejano a lo humano y yo soy una artista pésima. Su piel se ve justo como la de un albino. Sus colmillos se parecen a los de un cocodrilo, puntiagudos y de diferentes tamaños que cierran totalmente. Es muy ato —diría que fácilmente topa con el techo. Su cuello es largo. Su sonrisa es demasiado amplia. Tiene los pómulos altos y puntiagudos y sus ojos son enormes, su cabello es blanco y está peinado hacia atrás.

Anónimo: ¿Beau se ve como Jack, de la película de animación de Burton?
No, tampoco es como David Bowie o Jhonny Depp, como lo han estado discutiendo; aunque no me molestaría. Tiene piel encima, aunque no se ve demasiado humano. Siento mucho ser tan mala describiéndolo, nunca he visto nada como él. Es confuso para mí de pies a cabeza, pero en especial, sus manos; personalmente, me aterran, pero puede que sea porque “sentí” una de ellas, algunas veces.

Anónimo: Sólo por curiosidad, ¿Cómo suena la voz de Beau, es una combinación de todas las voces que ha robado o tiene una voz propia?
Tiene dos. Su voz normal, que es como la que he estado escuchando; es las voz de un hombre adulto, como distorsionada; como si tuviera que pasar por alguna clase de interferencia. Sus suspiros son los que suenan como si tomaras un puño de voces juntas y las hicieras hacer el mismo sonido al mismo tiempo, en distintos tonos y volúmenes; como si fueran un coro que sale de la misma boca.

Anónimo: ¿Alguna vez ha sido compañero de alguien más de la misma forma en que lo ha sido/es para ti?
No recuerdo que haya llegado a mencionarlo. Amaba a la Luna, aunque no pudieron quedarse juntos. Toleró muchas criaturas. A través de las historias, parece que normalmente se concentra en la reciprocidad y en conseguir lo que está buscando. No estoy segura de haber sido su compañera, más que algún tipo de premio. Sé que muchos de nuestros juegos implicaban entregarle algún tipo de tributo por no comerme en la forma de canciones o aventuras y que él me contaba historias.

Anónimo: ¿Recuerdas si ver la Luna en el cielo tenía algún efecto en Beau?
Sí, la adoraba.

Anónimo: Me gustaría creer que eras algo más que una propiedad para él, incluso si te consideraba suya. Me parece que formó una conexión contigo, o una aproximación a eso dado su naturaleza. Se podría decir que estaba defendiéndote del gato, por ejemplo; el hecho de que pasara tanto tiempo contándote de él y sus historias parece decir algo más sobre esto, pero supongo que esto es relativo. Puede haber muchas razones para que haya vuelto a aparecer. No creo que estés loca, hay muchas cosas en este mundo que no es posible explicar o entender; por lo que he leído, me parece que lo último que Beau quiere es lastimarte.
Anónimo: Me parece que ella era simplemente otra propiedad para él. Aunque el resto de las historias me llevan a pensar que tal vez en ese momento no contaba con la capacidad para entenderla como su pareja; me parece también que Beau es muy similar a un niño yendo por su fase del ‘Yo’.
Tal vez sería algo más o menos a la mitad de los extremos. Es cierto que llegó a portarse como un niño muy posesivo, pero también pasó años entreteniéndome. Pudo haber tomado lo que hubiera querido de mí e irse.

Anónimo: Explicación racional (aburrida): todo está en tu cabeza.
Explicación Paranormal: Beau es un fantasma o cualquier otro tipo de criatura sobrenatural, las historias que te ha contado son ficcionales. En serio, ¿la oscuridad se robó la luna pero él la salvó y la devolvió al cielo? Nos has contado que era superficial y egoísta. Este fantasma/demonio probablemente disfruta de inventar historias donde él es el heroe, para satisfacer su ego. Cuando lo viste vomitando los bichos negros estabas a punto de ver su forma real. Si fuera tú, sería más cuidadoso de ahora en adelante.
Racional: El análisis Tac es el miercoles. No se preocupen, no me he olvidado de la posibilidad de que me esté volviendo loca.
Paranormal: Es muy posible que estuviera inventándome cosas. De verdad me pareció verlo sufrir cuando vomitó. No sé si esa era su verdadera forma o alguna otra cosa: los bichos me recordaron la historia de la Luna. Tal vez mi sueño sólo estaba reciclando eso.

Es decir, me gustaba que estuviera cuando era niña, tal vez esto no lo he dicho suficiente: era mi amigo imaginario cuando era una niña y el asunto de ser considerada como una pertenencia más nunca fue algo en lo que me detuviera a pensar entonces: no tengo la menor idea de por qué mi estúpido yo de niño decidiría que una relación de abuso con un rey demonio era una excelente elección en materia de amistades imaginarias, pero esto de ninguna manera ha sido un indicativo de mis relaciones siendo un adulto.
 
 
 

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imágen de cabecera: answerphone

Beau y los atrapasueños

Últimamente los sueños están de moda, hablemos de sueños. Beau no siempre me visitaba a la hora de jugar. Podía también soñar con él en la noche, acompañarlo en alguna aventura o continuar con una previa. Tal vez es por eso que estos recuerdos son tan difusos. Algunas partes son muy vívidas, como si las hubiera visto de primera mano; otras apenas tienen sentido y apenas si entiendo lo que está pasando.
Llamemos a esta historia:

 
 
 

BEAU Y LOS ATRAPASUEÑOS

Al Rey Beau le encantaba verme dormir. Recargaba la barbilla en mi cama y sonreía desde ahí. A veces platicabamos, pero lo teníamos que hacer muy bajito, para no despertar a mi mamá.
“Te traigo sueños”, me dijo una noche. “Puedo traer cualquier sueño que quiera de sus campos, y dártelo mientras estás dormida”.
Le pregunté cómo es que eso era posible y esta es la historia que me contó.
En sus expediciones, el Rey Beau no sólo venía a nuestro mundo para robar voces.  Había muchas cosas más qué hacer y muchos otros lugares qué visitar. En un viaje en particular, se encontró en El campo de los Sueños. Estos no eran campos como podríamos pensarlos, con pasto o flores, sino más bien un espacio conformado por una niebla abultada que no se disuelve. De entre la niebla, podían observarse chispazos, como rayos pasando entre las nubes de una tormenta cuando esta no cubre por completo el cielo. Al estallar, los chispazos proyectaban imagenes sobre la niebla, pero sólo por algunos segundos. Las escenas mostraban a veces, personas volando y a veces animales o lugares. Eran sueños.
Beau no estaba solo en esos campos. Conforme avanzó por entre la niebla, se encontró con un puño de criaturas. Estaban sentados en alguna piedra o recostados por ahí, mirando hacia la niebla. Sostenían unos tubos largos, que usaban para aspirar los chispazos cuando aparecían. Atrapaban los sueños y se los comían.
Los sueños no son nada. No tienen ningún valor, ni ninguna sustancia. Sólo son pensamientos perdidos, la pelusa que la mente suelta. Al menos es así como Beau llegó a describirlos. Los atrapasueños sólo le prestan especial atención  a los buenos sueños, porque son los más ricos. De sus cuerpos les salían largos tentáculos que funcionaban como raíces, siempre buscando por más para alimentarse. Cualquier cosa que apareciera en su campo los atraía.
Beau, como de costumbre, no tenía miedo de ningún sueño ni ningún atrapasueños. Caminó por el campo por que no había manera de rodearlo y en definitiva no pensaba regresar por donde había venido después de encontrar un lugar tan interesante. Para su mala fortuna, los tentáclos de los atrapasueños comenzaron a notarlo y pronto los mismos atrapasueños no pudieron resistir intentar agarrarlo de la ropa y arrastrarlo hacia ellos. Los atrapasueños no tienen dientes, porque todo lo que hacía era chupar por sus tentáculos. Sus ojos son enormes y sus narices son como un pico. Beau intentó luchar con ellos, pero a diferencia de las caras en la cueva de la bestia del closet, los atrapasueños no están fijos a un lugar y pronto lo superaron en número.
Beau arrebató uno de los tubos para chupar sueños e intentó mantenerlos a raya, pero los tentáculos eran muy pequeños y flexibles y pronto algunos comenzaron a clavársele en la piel. Justo cuando los atrapasueños lo tenían rodeado y comenzaban a lastimarlo, el sonido largo y cansado de un cuerno sonó. Las criaturas se detuvieron y luego comenzaron a alejarse, como si de pronto Beau se hubiera vuelto venenoso. Cuando todos terminaron de alejarse, Beau se encontró delante de un guerrero en un caballo pálido.
“Has molestado a los atrapasueños”, dijo el guerrero.
“Ellos empezaron”, respondió Beau, “yo sólo quería pasar”.
“Debes ganarte el paso en mi reino”, respondió el guerrero, “te ayudaré, puedo ver que eres un amigo de la Luna”.
Beau caminó con el guerrero através del campo. Junto a él, los atrapasueños lo ignoraron y volvieron a la tarea de chupar sueños de la niebla. El guerrero era joven y de apariencia delicada; su actitud era tan distante como el de las criaturas a su alrededor y Beau comenzó a sospechar que la niebla tenía algo qué ver con todo eso. El guerrero brillaba ligeramente con la luz de los sueños, como si fuera de plata y obsidiana.
“la Luna es mi hermana”, dijo el guerrero. “Yo cuido de los sueños. Mi gente los hace y los enviámos a los durmientes, en el otro lado”.
“¿Y dejas que esas cosas se los coman?”, preguntó Beau.
El guerrero se encogió de hombros “está en su naturaleza, no es mi papel detenerles”.
Beau dio un gruñido de molestia, pensando que eso era tonto. “Yo soy el rey del Lugar Callado. Nadie toma lo que es mío. Si lo hicieran, me comería sus voces y los dejaría sin piel.”
“Entonces puedes ayudarme”, le dijo el Rey del Sueño.
El Rey del Sueño llevó a Beau a una torre alta hecha de piedra pulida, tan tersa como el hielo. Subieron por la torre hasta la cámara real, donde asomaron por un balcón y miraron los enormes campos en donde la niebla se extendía hasta donde el ojo alcanzaba a ver. Había más que atrapadores en los campos; había grandes ríos que se extendían por la planicie y extrañas criaturas andando en manada, pero hacia el Oeste, la niebla se volvía oscura. Los chispazos de los sueños parecían más enojados y frenéticos y los atrapadores yacían en el suelo, siendo picoteados hasta despedazarse por unos extraños monstruos parecidos a enormes pájaros. Estos buitres no cesaban de picotearlos  hasta que de los atrapasueños no quedaba nada.
“Observa”, dijo el Rey del Sueño y apuntó hacia aquél rincón desolado y oscuro.
Mientras un nuevo atrapador sólo se concentraba en esperar un nuevo sueño, otro de esos pájaros volaba sobre él. El monstruo esperó hasta que la situación pareciera idónea y entonces se fue en picada para atacarlo. Dejó tuerto al atrapador con sus patas y usó su pico dentado para arrancarle una mejilla. Los tentáculos del atrapador de inmediato intentaron atacar, pero por algún motivo resbalaban por encima del ave.
Son sus plumas”, explicó el Rey. “Son muy aceitosas, los tentáculos se resbalan”.
El llanto del atrapador atrajo más de esos monstruos. Pronto su cuerpo no hizo otra cosa que saltar en pequeños espasmos mientras docenas de esas criaturas se quedaban con los últimos pedazos de carne. Alrededor del atrapador, la niebla pareció crujir y adquirir ese tono sombrío y muerto, sumándose al rincón oscuro. El resto de los atrapadores ignoraron a su amigo caído y no se movieron de donde estaban, estaban muy ocupados con los sueños.
“Mi hermano ha hecho un pacto con La oscuridad. Quiere infectar los sueños y enviar la oscuridad a los durmientes. Sus pesadillas van a destruir mi campo. No cuento con ningún ejército. Mientras controle a los gusanos, no puedo detenerlo.”
“Esos no son gusanos”, contestó Beau.
“No ellos, ellos se alimentan de gusanos”.
Cuando recién llegó al campo de los sueños, Beau creyó que sería fácil pasar. El problema del Rey del Sueño no le interesaba, incluso aunque La oscuridad nunca hubiera sido una aliada del Lugar Callado. Aún así, una parte de la Luna aún se encontraba en su corazón y ese fragmento nunca permitiría que Beau se cruzara de brazos mientras este lugar era consumido por La oscuridad. Así que aceptó ayudar al rey.
Beau era muy listo y sabía mucho sobre gusanos. “Sólo existe un gusano, incluso si existen miles”, le explicó al principe. “Matarémos ese”.
Aunque a Beau nunca le daba miedo nada, no era ningún tonto. Internarse en el parche de niebla consumida era como regalarse a los cientos de monstruos pájaro que rondaban el lugar, y eso sin mencionar a los atrapadores, que sin la compañía del rey, también comenzarían a molestarle; así que siendo tan inteligente como inteligente era, él decidió dos cosas.
Primero, que el Rey del Sueño lo acompañaría, por que esto era sobre todo su culpa. Segundo, que viajarían al Gusano por los túneles del Gusano. Claro que tenía sentido. Al Rey del Sueño no le hicieron gracia ninguna de las dos ideas y a Beau le pareció verlo al punto del llanto delante de la idea de ensuciarse, pero a Beau no le interesaron esas lágrimas.
El rey del Sueño lo llevó a una gran grieta en el suelo, donde las costras de mala niebla que plagaban el reino se reunían. El agujero estaba rodeado por esqueletos de atrapadores y de sus tubos, pero los pájaros monstruo habían abandonado el área hacía mucho, en favor de terrenos más fértiles para cazar. Con el arco del Rey y las cuchillas, las voces, la rapidez y la fuerza y todas las demás habilidades de Beau, estaban lo más listos que podían estar y andaron hacia el agujero.
La red de túneles se bifurcaba y de vez en cuando, tenían que arrastrarse por espacio angostos o anchar algún agujero. El Rey usó algo de luz prestada de su hermana para guiarles en el camino. La luz rebotó por los muros del túnel y las colas de cualquiera de los pequeños gusanos que tal vez les habrían molestado. Fonalmente, llegaron a una cámara amplia. Estaba encendida con llamas oscuras y heladas y cubierta con la misma piedra pulida que la torre del Rey. En el centro, un joven guerrero muy parecido al mismo Rey les miró llegar desde su trono; era dorado y azul. A su lado, enrosacado y con un rostro sin rostro, se encontraba el Gusano. Pulsaba, inmóvil, como una vena viva y suelta. El guerrero tomó un cuchillo y le cortó dos rebanadas. las rebanadas cayeron al suelo y de ellas surgieron dos gusanos más.
“¿Lo ves Rey?”, señaló Beau. “Sólo hay un Gusano”.
Dicho lo anterior, atacó.
Por supuesto que el Rey de las Pesadillas no iba a permitir que Beau simplemente matara a su gusano. Dejó salir un fiero lamento y los dos pequeños gusanos respondieron de inmediato. Detrás de su arrastre su rastro dejaba una baba venenosa y ácida que carcomía la piedra pulida. Sus hocicos se abrían grandes y hambrientos. El Rey del Sueño fue rápido en perforar a uno de ellos de un flechazo, Beau esquivó al otro y dejó salir una de sus voces perforantes, que lo detuvieron en seco y lo hicieron enroscarse en una bolita.
El Rey del Sueño cargó otra flecha y la apuntó hacia el Gran Gusano. El monstruo se movió y trató de caer encima del Rey, siseando mientras flecha tras flecha penetraba su carne. Mientras el Rey estaba enfocado en salvar a su reino, Beau le prestó más atención a las cosas que en verdad importaban y lo que en verdad importaba en ese momento para el rey de las pesadillas, era proteger la piedra que colgaba de su cuello. Beau supo esto por que era un gran cazador y los cazadores siempre han sido capaces de detectar cómo alguien protege algo valioso. Esa piedra, decidió Beau, era su blanco. Mientras el Rey del Sueño mantenía al Gusano ocupado, Beau fue tras el Rey de las Pesadillas.
“No me interesa por qué ayudas a la oscuridad”, le dijo mientras sus cuchillas chocaban contra la espada del oscuro. “No me interesa que tú también seas un hermano de la Luna. Esa piedra es mía y la tendré”.
El rey de las Pesadillas era un gran guerrero, rápido, aunque pequeño; pero la desesperación le hizo titubear y alterar sus tácticas para proteger la piedra y esto era algo que Beau reconocía muy bien. Soltó dos voces en los oídos del Rey, confundiendo sus sentidos y alterando su balance. En esta ventana de oportunidad, Beau le arrancó la piedra del cuello.
El gran Gusano se detuvo, lo que era bueno, ya que al Rey del Sueño casi se le terminaban las flechas, que ahora cubrían al gusano con un dolor que debió ser enloquecedor, pero los gusanos no son en realidad criaturas muy inteligentes y raramente les llega a interesar el dolor. Se detuvo y miró a Beau, que entonces entendió lo que había conseguido.
“Puedo hacer que el Gusano se coma a tu hermano”, le dijo Beau al Rey del Sueño.
El Rey de las Pesadillas, entendía su derrota y que era incapaz de escapar, así que no lo intentó.
“No”, suplicó el Rey del Sueño, “está en su naturaleza”.
Normalmente, Beau lo hubiera hecho de cualquier modo, pero de nuevo ese pedazo de Luna que llevaba adentro, lo hizo enviar al Gran Gusano lejos, de vuelta a su tierra, para nunca volver a los campos del sueño. Beau se quedó con el corazón del gusano para él y el Rey de las Pesadillas regresó también a su torre, derrotado por última vez.
Como fuera, Beau todavía no terminaba. Le irritaba sobre manera que ni los atrapadores ni su Rey hicieran nada para defenderse y odiaba que los atrapadores tomaran sin devolver nada. Así que se detuvo desde la torre del Rey y rugió en una voz tan terrible que incluso la niebla tembló y los sueños callaron por un momento.
“ESCUCHEN”, rugió. Y por una única vez, los atrapadores escucharon.
“NO PUEDEN DEDICARSE SOLO A COMER SUEÑOS. DEBEN TENER UN PROPÓSITO. MIREN”.
Apuntó a uno de los monstruos pájaro, dando vueltas por encima de la niebla, buscando algún gusano, acechando a los atrapadores.
“PELÉEN”.
Y uno de los atrapadores lanzó su tubo al cielo, y el tubo atravesó al pájaro por el corazón, haciendolo caer al suelo. Lo que el pájaro soltó por la herida, era casi tan dulce como los sueños. De ahí en adelante, El Rey del Sueño tendría un ejército y a Beau se le concedería llevarse cualquier sueño que le diera la gana, como recompensa a su ayuda.
Y es por eso que siempre tuve buenos sueños cuando era una niña.

§

Vox y el rey Beau

¿qué harías si descubrieras que Beau es real?

No tengo idea. Creo que ese es el motivo por el que me he acostumbrado a venir aquí y charlar con ustedes. Estoy por completo dispuesta a creer que me estoy volviendo loca o tengo un tumor en el cerebro. Fui criada por un médico, tengo fe en la medicina moderna y la ciencia.

Por otro lado, sé lo que vi la otra noche. Ese hombre en mi cuarto estaba ahí, el sonido del suspiro estaba ahí, afuera de mi cabeza, nada imaginario. Además, mi mamá me vio moverme como una araña por su cuarto cuando era niña y algo le pasó a mi gato. Tal vez así sea como la gente loca se siente. Pero si esto es real, de verdad, no tengo ni la menor idea de lo que debería de hacerse.

Lo siento, acabo de colgar con un amigo. Es el mismo que vino el otro día y me ayudó a revisar que no hubiera nadie en mi casa. Al parecer acaba de sufrir uno de esos casos de “parálisis de sueño”. Abrió sus ojos y creyó estar escuchando voces en su habitación. Como en esta clase de casos, no podía moverse y una figura oscura lo estaba observando desde los pies de su cama. No sabe cuanto tiempo duró, la figura se desvaneció y él despertó y pudo moverse de nuevo.

No le he contado todo, sólo sabe que creí ver a alguien en mi casa la otra noche. Está asustado por que nunca ha experimentado una parálisis de sueño antes, así que probablemente vendrá de visita para calmarse. A estas alturas estoy tan cansada de estar sola que probablemente le contaré todo.

  §jeep, jeep

Vox y el Rey Beau

Peludito

No tengo la menor idea de qué tan real es este recuerdo, tiene la misma textura de los sueños que tenía cuando caminaba dormida; lo pude haber imaginado.

Cuando era muy pequeña, teníamos un gato gordo y naranja que se llamaba Peludito. Peludito y yo no nos llevábamos bien, sobre todo por que no era la clase de gato que tolerara niños. Yo lo quería mucho. Un día, después de lo que mi mamá vio, yo estaba jugando con Peludito y debí de jalarlo o algo, por que me mordió y salió corriendo. No había sido una mordida muy fuerte, pero me hizo llorar.

Al parecer esto no le gustó mucho a Beau. Esa noche, recuerdo haber despertado al oirlo llamándome. Muchos de mis recuerdos sobre Beau son sobre todo de su voz y de casi nada más; tal vez su rostro flotando en un espacio oscuro. Esa noche apareció entre mi cama y mi ventana, cuando abrí los ojos se inclinó para sonreirme con su fila de colmillos. Es una imagen pertubadora que me da escalofríos recordar y que no tengo ni la menor idea de cómo fue que no me hizo gritar en ese entonces.

§Ven a ver algo

Vox y el Rey Beau

De lo que mamá recuerda y porqué creo que terminé llorando una noche

Cuando le conte a mi mamá sobre Beau, se puso muy seria. Normalmente, mi mamá es tan radiante como un girasol, hornearía brownies para el mundo, si la cocina no terminara en llamas cada vez que toca un trasto; he crecido creyendo que es imposible sugestionarla. Es una doctora brillante y tal vez la única excepción a las reglas de racionalidad bajo las que me hizo crecer, sea que también es muy religiosa. De verdad que no le gusta hablar de temas oscuros.

Para el tiempo que cumplí siete, ya se había acostumbrado a escuchar sobre Beau, pero ella sola no era capaz de tener una opinión concreta sobre él. Todos los libros y pediatras le aseguraban que era normal, incluso si Beau resultaba un tanto sombrío. Fuera del asunto, yo era una niña feliz y sana que socializaba sin problemas con otros niños (reales), a la que le gustaba el color rosa y los ponis y si Beau me estaba ayudando con miedos y pensamientos complejos, tal vez estaba bien. Nunca le conté algunas de las historias; la del monstruo del closet, por ejemplo. Incluso entonces me recuerdo razonando que no reaccionaría bien.

Con mi hermano bastante mayor y por lo tanto “demasiado cool” para jugar conmigo, normalmente me quedaba a mis anchas, para inventar mis propios juegos y fantasías. Beau siempre lo protagonizaba todo. Si ocurría que no andaba por ahí, entonces pretendía ser él, peleando con monstruos terribles y andando a la aventura. Si estaba conmigo, entonces mi mamá me encontraba sola en mi cuarto, hablando con alguien que no estaba ahí, terminándome las crayolas azules y negras en dibujos un poco extraños. Cuando crecí, comencé a jugar otro tipo de juego.

Un día mi mamá me encontró arrastrándome por el suelo de la casa cubierta con una cobija. Le dije que estaba aprendiendo a ser un cazador, como Beau. No lo pensó mucho en ese momento, pero mi entrenamiento terminó por volverse un poco molesto cuando me volví una especie de ladrona y mi mamá comenzó a notar que algunas cosas aparecían en mi cuarto y a veces, mi cuarto tenía cosas que ni yo ni ella sabíamos de dónde habían salido. Por supuesto, en esos casos siempre le echaría la culpa a Beau; así fue que terminó por pedirme que le informara a “ese Beau” que no toleraría ese jueguito y que deberíamos encontrar otro.

Esto probablemente tiene más qué ver conmigo que con cualquier cosa paranormal. Era tan traviesa como cualquier otro niño desatendido y la verdad es que quién sabe cuantas cosas me robé. Después de que me amenazó con dejarme sin postres, no dejé de hacerlo y cuando lo dejé, de verdad Beau y yo habíamos cambiado de juego, pero había comenzado a caminar dormida.

En la mañana mi mamá me encontraría en lugares extraños. Comenzó con poco, despertando en el suelo de mi cuarto o en el sofá de la sala. De nuevo, sus fuentes le aseguraron que esto era por completo normal, pero las cosas comenzaron a empeorar. Comenzó a encontrarme en lugares a los que no hubiera podido llegar sola o lugares en donde hubiera tenido qué escucharme entrar: las alacenas de la cocina, el baño del cuarto para invitados, el escritorio de mi hermano… y por cierto que mi hermano siempre ha tenido el sueño muy ligero; así que habría tenido que escucharme entrar y subirme ahí. La alacena habría tenido que ser imposible de alcanzar con mi estatura, y una vez que me encontró, sacarme implicó sacar la mayor parte de las latas y las cosas detrás de las que me encontraba.

§listos o no…

Vox y el Rey Beau

Para recapitular, he comenzado a escuchar y ver cosas: silencios extraños en mi casa y hace una noche, un hombre a los pies de mi cama, de paso mi radio deja de emitir ruido sin razón alguna; cuando le conté a mi mamá, ella recordó que cuando era una niña, tenía un amigo imaginario extrañísimo llamado Beau, que me contaba historias y provocaba silencios como esos. Les sugiero leer todo lo que se ha dicho antes, por que tal vez sea más fácil entenderlo así que con este pequeño sumario.

Logré dormir un par de horas en el sillón anoche; a primera hora de la mañana llamé a mi universidad y programé una visita con el terapeuta de guardia. Los servicios de salud mental en mi campus son eficientes y yo ya estaba en un diván esa misma tarde, eso me ayudó a calmarme.

El terapeuta se dedicó a establecer mi historia y entender mi problema. Todo lo que le dije fue que estaba escuchando voces, y que de verdad estaba muy preocupada. El terapeuta, de hecho, fue comprensivo. Me dijo que la gente solía saltar a diagnosticar Esquizofrenia en cuanto alguien comenzaba a “oir voces”, pero que no es el único motivo: Los amigos imaginarios surgen de las líneas desdibujadas entre la realidad y la fantasía que un niño puede percibir y de nuestra necesidad de control y seguridad. Si mi amigo imaginario parecía estar a nada de volver, tal vez yo me encontraba lidiando con algún trauma de esos días, algo que tal vez experimenté y que estoy ignorando (la verdad no lo creo) o bien, algún recuerdo reprimido que se “aflojó” hace poco. Eso, o también, podía tratarse de algo en mi cerebro: un tumor, una lesión. Iniciamos con el trámite para lograr que la aseguradora aprobara una TAC.

Mientras tanto, me sugirió que intentara dormir. Era muy posible que esto se tratara de una combinación de poco sueño y el estrés provocado por mi rompimiento y mi mudanza. También me ha pedido que deje de tener miedo. Si me estoy volviendo loca, eso es manejable. Si hay algo traumático en mi pasado, hay que escuchar a lo que las voces dicen, para determinar qué es lo que intentan proteger. Tal vez Beau ha surgido de mi subconsciente por que cree que lo necesito. Cualquiera que sea el caso, la voz no está intentando dañarme, no me está ordenando que me prenda fuego o que asesine a nadie. No soy especialmente suicida, o depresiva, así que me ha dicho que no hay problema con respetar mi decisión de no consumir ningún medicamento por el momento y que no, de verdad no cree que termine encerrada en algún cuarto acojinado.

Después de esto, llamé a mi mamá, pienso que me vendría bien enfrentar esto en las formas más directas que me sean posibles, así que insistí y le pedí que intentara recordar toda la información y las historias sobre Beau, todas las cosas extrañas que pudieran haber ocurrido mientras jugaba con él. No le dije que estaba escuchando voces, ni que acababa de ir a mi primer sesión con el loquero, sobre todo por que no quiero asustarla; así que sólo le expliqué que estaba escribiendo algo para un proyecto de psicología y que necesitaba su ayuda. No estoy segura de si me creyó, pero accedió a contarme. Por cierto, si alguno de ustedes sabe cómo darle noticias así a sus padres, soy toda oídos.

Esto es lo que se me ocurre: yo les voy a contar algunas de las historias sobre Beau y algo de las cosas raras que acompañan esas historias, para ver si alguno de ustedes puede notar alguna cosa que a mí se me esté escapando. Sé que es mucho pedir, pero hasta ahora al parecer las historias les han gustado, y siento que me sería de muchísima ayuda.

No sé qué es lo que estamos buscando. De verdad que no. Como ya se los he dicho, no soy la clase de persona que se cree los cuentos paranormales o que cree que este tipo de cosas ocurran todo el tiempo. La magia no me parece interesante, nunca he visto un OVNI y soy la primera en no tragarme nada de lo que esos programas de aparecidos muestran en videos borrosos. Aún así, por primera vez en mi vida, estoy dispuesta a admitir que todo esto es un poco inexplicable, que tal vez se trate de un Tulpa, o que tal vez algo se encuentre jugando con mi mente. Si, por otro lado, resulta que simplemente me estoy volviendo loca, tal vez de todas formas podamos encontrar algún significado oculto.

Antes de comenzar con las siguientes historias, quiero dejar establecidos algunos detalles que creo que no he respondido aún; este mismo trasfondo tal vez nos permita contar con más luz sobre lo que voy a contarles:

  • Beau fue mi amigo más o menos desde mis cuatro años hasta más o menos los ocho.
  • Como niña, nunca estuve cerca ni interesada en las historias de miedo o las películas violentas. Algunas de las imagenes en estas historias son un poco densas y honestamente no comprendo cómo salieron de mí a los cuatro años. No soy una persona sombría y no me gusta el gore ni ninguna de esas cosas.
  • Hasta donde sé y mi mamá puede recordar, nada terriblemente malo me ocurrió cuando era niña.
  • El motivo por el que Beau me asusta, real o no, es por que se trata de un monstruo come voces, y que cuando “jugábamos juntos”, definitivamente le conté a mi mamá que un día me amenazó con arrancarme y comerse mi voz. Mi mamá lo describe de una forma muy precisa: algo así como si yo hubiera estado cuidando un tigre bebé, aunque me diviertiera, incluso yo misma podía ver algo de peligro.
  • De la misma forma, no puedo decir que alguna vez me haya lastimado. La vez que me amenazó, me amenazó y punto; ahora que ha vuelto a aparecer, tampoco intenta lastimarme, o no me lo parece. Todo lo contrario, creo que me ayudó a descubrir la infidelidad de mi novio y si me asusta, lo hace simplemente por existir.
  • No tienen que creerme una sola palabra; no hay problema, como se los dije, no estoy escribiendo esto para conseguir atención o fama; fuera de estos hilos en el foro, “Vox”, no existe. Sólo quiero arreglar esto y tener mi vida normal y aburrida de vuelta; si de paso esto les entretiene, adelante.
  • Por favor, no tomen estas historias y las reescriban como propias porque pues, son mías, incluso si son un poco extrañas, se trata de mis recuerdos. Como sea, siéntanse libres de dibujar lo que gusten; no tengo idea de por qué me pedirían permiso para algo así, pero como sea.

Voy a contar esto tal y como lo recuerdo, con los espacios que mamá me ayudó a llenar; si llegan a verse demasiado estilizadas, esto es culpa de mi intento burdo por resumir, no soy una escritora. También, lo siento de nuevo si son estúpidas, recuerden que sólo tenía cuatro años.

 
 

§Habitarlo

Vox y el Rey Beau

Perdón, he vuelto. La radio ha dejado de sonar. Está encendida, está sintonizada en la estación, simplemente ha decidido no hacer ningún sonido. Increíble. Estaba tan asustada que he decidido tomar una de sus sugerencias, e intentar comunicarme; pero todo lo que logré decir fue “por favor para”.

Así que ahora tengo la televisión y cada luz del apartamento encendidas, ¿se les ocurre qué podría cantar?

§ ♪She´s a maniac, maniac ♪

Vox y el Rey Beau

Perdón si esto parece demasiado improvisado, de hecho lo voy ordenando mientras escribo. Nunca pensé que un día se me ocurriría contarle a nadie estas historias.

¿Pueden entender por qué estoy asustada, verdad? O mi cerebro está dándole vida a todo esto, lo que es terrible, o Beau es real y ha vuelto para recolectar mi voz, lo cual es terrible, o hay algo que está cazándome, pretendiendo ser Beau, que es mucho peor. De verdad no sé qué hacer.

Ok, así que aquí vamos: “Beau y el lugar oscuro”:

»Aquí vamos

Vox y el Rey Beau

 quietplace

EL LUGAR CALLADO

Antes que todo lo demás, existía el Lugar Callado. Era muy oscuro y muy callado, y todo lo que ahí se encontraba estaba inmóvil. El lugar callado tenía un rey horrendo que robaba el aliento y odiaba todo lo que no estuviera en su reino. Todos los seres del lugar callado vivían con miedo y tristeza y no podían escapar de ahí sin que el rey los terminara cazando y comiéndoselos. Aún peor, el Rey los obligaba a venir a nuestro mundo para robarse cosas. Los habitantes del lugar callado robaban voces y memorias, cosas brillantes y juguetes, algunas veces, incluso corazones y gente. Algunos de ellos lo disfrutaba, otros no.

Beau odiaba al Rey. Odiaba estar triste también. Y odiaba que todo el mundo viviera asustado, porque aunque él nunca había tenido miedo de nada, eso significaba que nadie nunca jugaría con él o haría nada que no fuera lo que el Rey quería. Así que decidió que la única forma de resolver este problema era convertirse en rey él mismo.

(esta es la parte en donde comencé a comprender del porqué mi mamá quería hablar con un doctor sobre mí)

»hablar con un doctor sobre esto

Vox y el Rey Beau

INTRODUCCIÓN

Creo que estoy perdiendo la razón. Es eso o algo más está ocurriéndome. De entrada, yo y mi familia carecemos de historial psiquiátrico. He estado deprimida un par de veces durante toda mi vida, pero por razones de por medio, como romper con mi novio o extrañar mi casa. He fumado hierba algunas veces, bebo en fiestas. Eso resume mi uso de susantancias recreativas. No se me ocurre más para explicar las alucinaciones. No creo en cosas paranormales, pero creo que, tal vez hablar con ustedes me ayude.

Esto comenzó hace unos cinco meses. Estaba con quien ahora es mi ex, vivíamos juntos. Las cosas iban bien, tal vez la relación se había enfriado un poco, pero no había dramas; era una noche y pasaban de las once, estábamos acostados, durmiendo. Entonces escuché una voz pronunciando mi nombre al oído. Fue tan clara, tan normal, que respondí sentándome en la cama y preguntándole a mi ex si quería algo. No había dicho ni escuchado nada, pero lucía nervioso. Me pareció verlo ocultar su celular.

No pensé mucho más en esa voz. La supuse un sueño. El celular, por otro lado, encendió un par de focos rojos, pero nada más; él me dijo que estaba mandándole un mensaje a su hermano, y yo la dejé por la paz. En el transcurso de las siguientes semanas, mi ex comenzó a quejarse. Decía que se sentía observado. Comenzó a adoptar una actitud nerviosa y en una ocasión, casi me tira un golpe cuando entré de pronto al baño. Por supuesto, me llenó de sospechas.

»Sentir curiosidad.