En Berlin, tras la segunda guerra mundial, poco dinero, poca comida y muchísima hambre. En esos tiempos, la gente contaba el cuento de una joven mujer que vio a un ciego abriéndose paso entre una multitud. Los dos comenzaron a hablar. El hombre le preguntó si podía entregar una carta en el domicilio del sobre. Bueno, le quedaba de camino a su casa.

Partió para entregar el mensaje y cuando se dio la vuelta para regresar y ver si había algo más que el pobre ciego necesitara, lo vio, apurándose a desaparecer en la multitud, sin sus lentes oscuros o su bastón guía. Una o dos semanas después, la policía respondió al reporte y descubrió, para asombro de todos, una carnicería que después de una mínima revisión, cerró de inmediato, condenando a los empleados a penas que de entrada parecieron un poco exagerados.

El mensaje en el sobre decía:

“Esta es la última que te mando hoy, Saludos.”

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