Perdón si esto parece demasiado improvisado, de hecho lo voy ordenando mientras escribo. Nunca pensé que un día se me ocurriría contarle a nadie estas historias.

¿Pueden entender por qué estoy asustada, verdad? O mi cerebro está dándole vida a todo esto, lo que es terrible, o Beau es real y ha vuelto para recolectar mi voz, lo cual es terrible, o hay algo que está cazándome, pretendiendo ser Beau, que es mucho peor. De verdad no sé qué hacer.

Ok, así que aquí vamos: “Beau y el lugar oscuro”:

El Rey Beau y El Lugar Oscuro

Muchas de las historias sobre Beau son cosas típicas y tiernas que te imaginarías saliendo de la imaginación de una niña que creció con Disney y ponis. En ellas, Beau tiende a comportarse como un niño él mismo. Sin embargo, no todas son así.

Un día Beau llegó mientras tomaba dormía y me preguntó si en vez de dormir, quería jugar, como normalmente lo hacía. Era capaz de hacer las cosas muy calladas, para que nadie notara que yo estaba despierta a esa hora. Le dije que no podía porque de verdad estaba muy cansada y él me preguntó porqué estaba muy cansada. Le dije que estaba teniendo problemas para dormir, porque tenía miedo del monstruo en mi closet.

Ahora bien, del por qué tenía miedo del monstruo en mi closet, cuando tenía esta cosa por amigo imaginario, me sobrepasa; pero no hay forma de entender la lógica que se tiene cuando se es pequeño. Como sea, esto último enfureció por completo a Beau. Gruñó y dio pisotones y usó algunas de sus voces más enojadas. Luego, me dijo que no me preocupara más, que él se encargaría de todo, y en seguida marchó directo hacia mi closet.

No volví a ver a beau durante toda la semana, así que comencé a preocuparme bastante por lo que le hubiera podido pasar. Llegué a llamarlo durante la noche, llegué a cantar sus canciones favoritas e incluso llegué a quedarme despierta durante la noche aunque ya no escuchaba nada desde mi clóset, pero nada surtió efecto. Finalmente, una noche, desperté y miré a Beau entrando a mi cuarto por una ventana y sentándose en el suelo junto a mi cama. Se veía muy mal. No me dijo nada. Le llevó algunas noches más recuperar suficiente voz como para poder contarme lo que había pasado.

Tal como recuerdo la historia, Beau marchó justo dentro de mi clóset, directo hacia las sombras más oscuras. Como ustedes bien podrían saber, las sombras de un clóset son unas de las más extrañas y grandes, así que le llevó un largo tiempo atravesarlas, pero estaba determinado a ello. Nada tenía permiso de asustarme mientras yo fuera suya. Poco después, las sombras comenzaron a moverse y a gruñir a su alrededor. Al principio, temió una emboscada, pero luego se dio cuenta de que las sombras estaban formando un túnel. En sus muros, pudo ver rostros, muchos de ellos tenían bocas que ya nunca podrían cerrarse, por el tiempo que tenían gritando, otros tenían cuellos largos que se estiraron, intentando morderlo; todos habían pasado tanto tiempo atrapados en la oscuridad, que se habían vuelto locos. Ahí es cuando Beau pudo reconocer que esta no era una oscuridad ordinaria. Este lugar oscuro, era mucho, muy viejo. Por supuesto, Beau insistió en que nada de esto realmente le molestaba y que, de hecho, pensó en comerse las voces de algunos de esos rostros, sólo para que se callaran, pero estaban demasiado gastadas para tener poder, y probablemente sabrían muy mal.

Caminó a lo largo del túnel hasta que finalmente llegó a una cueva más grande. Ahí, los muros estaban hechos de huesos muy viejos y siluetas enteras en vez de rostros. De momento le parecía ver cómo alguno de los cráneos se movía un poquito. Olía a podrido. No a carne o piel podrida, sino sólo a podrido.

Gritó hasta el fondo de la cueva, y su voz se perdió porque era demasiado larga: “Yo soy el Rey del Lugar Callado. Tú estás tratando de robarte algo que es mío. Debemos luchar”.

Y la oscuridad respondió.

La bestia del Lugar Oscuro no era fácil de describir. Cambiaba de forma mientras intentabas mirarla, así que sólo podías tener una idea más o menos clara de ella si la mirabas de reojo. Caminaba sobre cientos de manos, arrastrándose por el suelo de la cueva como un gusano. Tenía al menos un ciento de ojos que miraban en todas las direcciones; algunos de ellos colgaban, algunos de ellos giraban sin parar. Tenía dos hocicos con enormes lenguas que goteaban, y muchas garras y muchos dientes. Cuando habló, lo hizo sin una voz. Dijo, “Yo soy la bestia del Lugar Oscuro. Yo tomo lo que me dé la gana”.

“Esta niña me pertenece, y si tú te la llevas, te llevarás su voz. Su voz es mía”, le advirtió Beau. La bestia rió “¿No le dijiste que se escondiera bajo las cobijas, no sabe que debe dormirse temprano?”. Beau gruñó, “Ella no tiene que esconderse o dormir si no quiere hacerlo. Es por eso que lucharemos. Luché con el Rey malo del Lugar Callado, y puedo luchar contigo también.”

La bestia volvió a reir, y eso hizo que Beau se enojara aún más de lo que ya estaba. Gritó y dejó suelta una de sus voces más furiosas; la voz rebotó por toda la cueva, rompiendo huesos y rocas antes de romper las fauces de la bestia. Herida, la Bestia contratacó.

Lucharon con los puños y las garras. Les llevó días. Beau comenzó a preocuparse de que incluso sus voces más fuertes no bastaran para sacarlo adelante; conforme comenzaba a cansarse, comenzó a cometer errores; fue así como la Bestia se las arregló para azotarlo contra el muro del tunel. Los rostros que no eran demasiado viejos mordieron y arañaron a Beau y la oscuridad comenzó a quemarle, de la misma forma que el hielo quema. la bestia reía y reía, picoteándolo mientras él forcejeaba. Entonces Beau hizo algo que pensó que nunca llegaría a hacer: Beau pidió ayuda.

Su llamado fue tan claro y puro que atravesó por en medio a la oscuridad y todo el camino hasta el Lugar Callado, en donde sus cazadores la escucharon y de inmediato se lanzaron al rescate. Trajeron consigo las voces más fines que pudieron reunir y le arrastraron fuera de la oscuridad, que ya lo consumía, pero Beau no los dejaría derrotar solos a la bestia. Quería hacerlo él mismo, y tenía un plan.

“Yo sé cómo detenerte”, le dijo a la Bestia.

La bestia se rió con uno de los hocicos y gruñó con el otro.

“No puedes, nadie puede”.

Los cazadores le llevaron a Beau una cobija enorme, una tan, pero tan grande, que estaba tejida con al menos un ciento de cobijas distintas. Se envolvió en ellas y se lanzó contra el corazón oscuro de la bestia. Aunque La Bestia era vieja y fuerte, aún era un monstruo de clóset. Los monstruos de Clóset no pueden atacar nada que esté cubierto con cobijas. La bestia dejó salir un rujido sin sonido y se rompió en un millón de pedazos, que entonces se arrastraron y comenzaron a escarbar fuera de la cueva, para escapar. Todo el escondite se vino abajo y Beau y sus cazadores apenas y pudieron escapar a tiempo; y de hecho, algunos se quedaron atrapados en la oscuridad para siempre.

le dije a Beau que había sido muy valiente, y le agradecí por haberme salvado. Él me dijo que en realidad no lo había hecho, porque la Bestia terminaría por reagruparse, pero para cuando lo hiciera, yo ya sería una anciana; además, estaba molesto por haber perdido un montón de voces muy buenas, así que durante los siguientes días, tuve que sentarme y cantarle todas sus canciones favoritas.

Si no lo hacía, me había jurado que esta vez si se robaría la mía y terminaría con todo esto de una buena vez.

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es un tipo algo aburrido.

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