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EL LUGAR CALLADO

Antes que todo lo demás, existía el Lugar Callado. Era muy oscuro y muy callado, y todo lo que ahí se encontraba estaba inmóvil. El lugar callado tenía un rey horrendo que robaba el aliento y odiaba todo lo que no estuviera en su reino. Todos los seres del lugar callado vivían con miedo y tristeza y no podían escapar de ahí sin que el rey los terminara cazando y comiéndoselos. Aún peor, el Rey los obligaba a venir a nuestro mundo para robarse cosas. Los habitantes del lugar callado robaban voces y memorias, cosas brillantes y juguetes, algunas veces, incluso corazones y gente. Algunos de ellos lo disfrutaba, otros no.

Beau odiaba al Rey. Odiaba estar triste también. Y odiaba que todo el mundo viviera asustado, porque aunque él nunca había tenido miedo de nada, eso significaba que nadie nunca jugaría con él o haría nada que no fuera lo que el Rey quería. Así que decidió que la única forma de resolver este problema era convertirse en rey él mismo.

(esta es la parte en donde comencé a comprender del porqué mi mamá quería hablar con un doctor sobre mí)

Beau decidió que tenía que engañar al Rey.  Había robado a un niño que era malo y comía demasiadas golosinas y nunca cuidaba sus modales. Beau se escondió debajo de su cama y esperó a que estuviera dormido antes de comerse la voz del niño. Entonces se disfrazó con la piel del niño y fue a formarse junto a las demás cosas robadas para él. Al parecer, Beau me mostró cómo podía llorar y gritar con la voz del niño (esto me hizo llorar, y Beau tuvo que dejar de contarme esto para que pudiéramos jugar a otra cosa. Aún así, de verdad que quería terminar de contarme todo, porque estaba muy orgulloso de eso, así que después lo dejé terminar).

Cuando el rey se acercó para comerse la voz del niño que ahora en realidad era Beau, Beau saltó dentro de las fauces del tirano y le metió la mano en la garganta, entonces jaló todas las voces que el Rey se había comido, y se las comió él mismo. Después de robar ese poder, no fue problema derrocar al Rey, ya que este comenzó a derretirse y desaparecer; retorciéndose y secándose tan feo que habría tenido que gritar de dolor, pero ya no le quedaban voces con qué hacerlo; Beau lo desterró al más hondo y oscuro rincón del Lugar Callado, en donde podría quedarse, sin poder gritar, para siempre.

 

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Así fue como Beau se volvió el rey. Pero Beau aún no estaba contento.

Aunque se había robado todas las voces del Rey y ahora todo el mundo tenía que hacer lo que él decía, se sentía solo. Además, se aburrió. Todo era siempre lo mismo en el Lugar Callado, y aunque le prometió a las sombras y el resto de las criaturas que habitaban el reino que nunca tendrían que cazar para él, él comenzaba a impacientarse. Sintió todas las voces dentro de él y se preguntó cómo sabrían las frescas. Así que comenzó a vagar por nuestro mundo.

Primero sólo robaba pequeños pedazos de voz, mientras la gente dormía. Se arrastraba de debajo de su cama o entraba por una ventana si no había luz de luna; ellos sólo llegaban a despertar con algunos moretones en el cuello y el recuerdo de alguna pesadilla, así que nadie en realidad salía herido. Lo malo, es que esto sólo lo hizo más hambriento. Entre más tiempo pasaba, más insatisfecho se sentía sólo con pequeñas probadas. Así que luego comenzó a pensar en robar voces, justo como el Rey Malo lo hacía antes.

Fue así como él y yo nos conocimos. Una noche desperté porque alguien dijo mi nombre. El cuarto entero estaba ocuro y muy callado porque él había traído el silencio con él. Ahí estaba Beau, junto a mi cama. Mirarlo daba miedo, pero también se veía algo triste. En esos tiempos, mi película favorita era Peter Pan, y cuando lo vi recordé que Wendy y Peter se habían conocido de una forma muy parecida, así que intenté portarme de forma valiente.

Le pregunté “¿por qué te vez tan triste?”

“Porque me quiero comer tu voz”, me respondió.

Le dije que no debía, porque yo estaba usándola. Él dijo que lo sabía. Me escuchó cantarle a mis animales de peluche y eso le gustó mucho. Le dije que si no se comía mi voz, yo podría cantarle también. No se le había ocurrido algo como eso nunca, me dijo, así que lo consideraría. Mientras lo consideraba, jugamos a los fuertes. Le gustó tanto que decidió que yo podría quedarme con mi voz, mientras pudiera visitarme para jugar.

Fue así como nos hicimos amigos. Él me traía historias de sus aventuras y jugábamos y le cantaba.

Así que este es el comienzo. Podría contarte ahora sobre Beau y el Lugar Oscuro… esa es una historia menos de “niña cursi y tiernita” y un poco más de “se la conté a mi mamá por que no podía dejar de tener pesadillas”.

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Un comentario en “Vox y el Rey Beau

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