Lo estaba arropando bien antes de apagar la luz cuando me detiene con una mano y me pide que me acerque.

—Papi, ¿puedes revisar si no hay monstruos debajo de la cama?

Le doy gusto, me acuclillo y levanto la tira de colcha que cubre el espacio del suelo y ahí lo encuentro, temblando bajo la cama, al verme, me susurra con la voz muy, muy queda:

—Papi, hay algo acostado en mi cama.

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