El alejamiento progresivo de la realidad hacia una fantasía desbordante se encuentra claramente trazado en esta extraordinaria serie de pinturas realizadas por el artista de principios del siglo XX, Louis Wain. Durante veinte años, Wain pintó retratos caricaturizados y realistas de gatos que captaron la atención del público londinense; su inmensa popularidad lo llevó a ilustrar calendarios, álbums y postales. Pasó la mayor parte de su vida viviendo en reclusión, junto a tres hermanas solteronas y diecisiete gatos.

A los 57 años, los atisbos de la psicósis que luego dominaría su vida comenzaron a emerger, tanto en su vida personal como en su obra; convencido de que sus enemigos eran capaces de influir en su mente por medio de impulsos eléctricos, sus retratos adquirieron un tono ominoso.

Wain pasó los últimos 15 años de su vida en hospitales psiquiátrico: un pintoresco y cortés personaje presa de alucinaciones cada vez más elaboradas y delirios de persecución. Dibujó y pintó constantemente -siempre gatos. Sus dibujos se volvieron sintomáticos del estado que poco a poco fue dragándole, manifestándo cierta mirada plana, cierto tono, hasta el punto en que dominaron la obra y la volvieron por completo agresiva.

El psicótico suele sospechar de un mundo secreto y amenazante que le observa. Otra punto de atención es la fragmentación anatómica del cuerpo: durante los estados psicóticos, la concepción anatómica experimenta cierto tipo de distorción disociativa. Las imágenes de Wain perdieron eventualmente toda coherencia, pero su estilo barroco, infinitamente detallado, ganó a ojos de la crítica, un poder del que nunca gozó durante su anterior realismo.

Lous Wain - Evolución de la esquizofrenia

El gato de la izquierda pertenece a los períodos iniciales de la aflicción de Louis Wain, difiere de su anterior trabajo no sólo en sus ojos alarmados, sino también en el pelo hirsuto del gato. Wain también reemplazó su paisaje usual con un diseño intrincado, una defensa eventual contra el desorden que ya comenzaba a consumirle. En el siguiente retrato, el gato adquiere una cualidad mucho más hostil y el tono general de la obra se inclina hacia un rojo que predomina sobre todo en los ojos —una proyección del miedo personal de Wain por ser victimizado por espíritus demoniacos, los halos de colores que rodean la figura son característicos del arte producido en estado psicótico. En las últimas etapas de su esquizofrenia, los gatos de Wain son ya casi un diseño abstracto (último a la derecha); su realismo ha sido completamente desintegrado y reemplazado por patrones obsesivos y semigeométricos, en un esfuerzo por categorizar y dominar el desorden mental que le descontrola.

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es un tipo algo aburrido.

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