Tal vez tenga miedo de morir, o algo. Todo esto pasó hace más o menos mes y medio, en Shanondale, West Virginia; aunque lo escribí hace más o menos dos semanas, no quise hacerlo público hasta lo que ocurrió ayer.

A finales de Septiembre, fui a visitar a algunos parientes con mi familia, que nos llamaron para celebrar que uno de ellos (Desiree), ganó algo así como dos mil dolares en una especia de lotería de pueblo. Viven en este tipo de lugar que todo el mundo conoce y del que a nadie le gusta hablar en Shanondale, que la gente de los pueblos cercanos (Sheperdstown, Ranson, que serían las partes menos rednecks) llaman la miseria a gritos. Está bastante arriba en las montañas y es exactamente como te la imaginas por el apodo: nada más que un puño de chozas desvencijadas y remolques oxidados a medio reparar; todo jodido por una linda patina de decoraciones de navidad que han estado ahí por décadas por que por ahí todo el mundo está muy ocupado apestando a sudor para intentar limpiar un poquito. Aire libre de verdad, sin ríos, canoas o ninguna otra cosa demasiado romántica. Los parientes que estábamos visitando son el tipo de familia que suele tener casos de incesto; primos echando pata con primas y así. No los llamamos “tías, o tíos” por este motivo, sólo parientes. No es que sean malas personas ni nada, sólo una de esas caricaturas de tan exactas, deprimentes.

Así que ahí estábamos, en su remolque abandonado por dios que siempre he detestado. Hay como ocho de ellos, más mi papá, mi mamá, mi hermana y yo. A las dos horas mi mamá me quita el celular para que pueda “enfocarme en tener un rato familiar” (que en este caso se entiende como sentarse hasta el fin de los tiempos a mirar la nascar por televisión, comiendo de esa comida de microondas que no te imaginas a nadie comprando a puños). Después de seis horas de esta mierda y a unos diez minutos de la hora en la que mis padres me habían prometido que nos iríamos, comienza a llover. Todos sabemos lo jodidos que se ponen los caminos en la montaña, así que decidímos (deciden) esperar a que la lluvia se acabe. Corte a dos horas después, está oscuro como el carajo, son las diez de la noche y tenemos una tormenta encima que lo está inundando todo. Por fin me devuelven mi teléfono (claro que no tengo recepción) y tomo la única decisión que me resulta razonable, que es por supuesto, ponerme a jugar con él. Luego de un rato, escucho que mi papá comienza a gritar en el cuarto de al lado.

Estamos en un remolque, así que no es como si se pudiera tener privacidad o algo parecido, así que ante el escándalo y jodidamente aburrido, decido ir a ver qué está pasando; donde me entero que a uno de mis parientes se le ha salido el pequeño detalle de que hace poco enterraron un niño, Thomas,  afuera del remolque y al parecer temen que la lluvia lo desentierre. Era un niño de seis años. Fue atacado por un perro y no se les ocurrió llamar a la policía, simple y llanamente lo enterraron, como se hubiera hecho con una jodida mascota. Para ese momento mi papá no para de dar de gritos y no lo culpo, por que pues… bueno, ¿de verdad tengo que explicarlo? La escena empuja a nuestros parientes a prometer que mañana a primera hora arreglarán el problema con tal de que mi papá se calme. Mamá y papá nos piden que nos quedemos casi espalda con espalda a la hora de dormir, y lo hacemos. Ninguno de nosotros sospechó que hubieran matado a Thomas o nada, nuestros parientes pueden no ser brillantes, pero son pacíficos; sólo tienen un arma de fuego en todo el remolque. De cualquier manera le diríamos a la policía, mañana por la mañana, ya que hubieramos bajado.

Me dieron las tres de la mañana sin poder dormir. La alimentación eléctrica iba y venía, así que decidí no cargar mi celular por miedo a joderlo con una sobrecarga. La peor parte de todo esto es que desde donde estábamos podía ver la tumba del niño desde la ventana; un montocito de tierra jodido, con una cruz encima y todo. Se podía asumir que no lo habían enterrado demasiado profundo y además, era la tumba de un niño muerto a la mitad de la nada por el ataque de un jodido perro que sus padres no se habían tomado ni la molestia de reportar a la policía, así que por supuesto que mi atención estaba fija en ese punto, por mucho que quisiera desviar la vista hacia otro lado. Y entonces vi la peor cosa que he visto en toda mi vida.

Algo se movía, acercándose desde los árboles, hasta acá.

Lo miré durante un rato, pero era imposible obtener una impresión clara a través de la lluvia y las ramas.

Por algunos minutos pude asumir que se trataba de un par de caballos muy pálidos, algo así como andando entre los árboles, uno al lado del otro. Pero entonces la luz de la luna lo iluminó, y vi que no eran dos cosas sino una sola. Un torso ancho con forma humana. Finalmente lo pude ver bien. Me pareció contar seis patas. Su textura debe de estar entre la de un caballo y una araña; dos brazos justo en donde cualquier persona debería tenerlos, pero más o menos un metros más largos de lo que nadie podría, cabeza calva… su cara era un bulbo enorme, raro, con un entrecejo deforme y una nariz parecida al pico de un pájaro… no tenía ojos, la piel simplemente se le hundía en donde debieron haber estado. Parecía que tenía una boca más o menos normal debajo de todos las enormes deformidades que le cubrían el rostro…

Se movía con gracia y a cada paso de sus patos provocaba una especie de golpecito suave sobre el suelo. Habrá medido unos dos o tres metros. Cuando está cerca del trailer, comienza a acercarse a la tumba de Thomas y es entonces cuando finalmente salgo del trance en el que estaba metido y comienzo a gritar lo más fuerte que puedo. Mi mamá es la primera en despertar y le digo que mire por la ventana, cuando lo hace no parece comprender lo que está mirando. La cosa se inclina y comienza a escarvar en la tumba de Thomas con las manos. Mi papá y Jasper se asoman y Jasper comienza a gritar como una niña, corre a esconderse al baño mientras le grita a su papá: “¡volvió, está allá afuera, volvió!”.

Cuando vuelvo a mirar por la ventana la cosa se encuentra escarbando furiosamente en la tumba del niño, la tierra salta como si fuera lanzada con paladas; escucho al resto de la gente corriendo por todo el trailer, parece que están buscando la única escopeta que tienen, la cosa mete las manos en el agujero y saca de la pierna lo que parece en comparación, un muñeco de trapo. La cosa arranca y comienza a galopar de vuelta al bosque, puedo escuchar como a su paso se rompen ramas y justo en ese momento lo escuchamos, podemos escucharlo todos.

Un niño llorando, desesperadamente, en la dirección en la que el monstruo desapareció.

Nos vamos tan pronto como la lluvia termina, a eso de las cinco de la mañana. No recuerdo que ni siquiera nos hayamos despedido de los parientes; no paramos hasta Ranson, y ahí sólo lo hacemos para llenar el tanque del carro. Durante el camino, ninguno de nosotros dice una sola palabra. De ahí en adelante, parece como si mi familia entera se hubiera puesto de acuerdo para negar el hecho; un día intenté traerlo a tema, sólo para asegurarme de que sí, eso había pasado. Mi papá me gritó que me callara, y lo hice. Entonces escribí esto, sólo para escribirlo, sobre lo que ocurrió; lo guardé por ahí en mi computadora y me olvidé del asunto. Nunca se lo he contado a nadie, ni nada; poco después comencé a beber, he estado tratando de olvidarme del asunto, como parece que mi familia lo ha logrado. Casi funciona, hasta ayer.

Trabajo como cajero en un minisuper en Ranson, de las ocho de la noche a las tres de la mañana; no me pagan mucho, pero paga las botellas y es un trabajo fácil que a caso incluye dar una sacudida por ahí y sacar la basura que se acumula durante el día. Ayer, cuando estaba sacando las bolsas al contenedor por la puerta de atrás del negocio, escuché lo que de entrada supuse que era uno de esos borrachitos que luego se acuestan adentro del contenedor. Le grité un par de veces sin salir, que llamaría a la policía, esperando que se fuera y mientras me acerco a la puerta, vuelvo a escuchar ese mismo sonido, el sonido de sus pasos, ese golpeteo suave, uno detrás de otro, ahí detrás. Desde donde estaba pude ver el monitor de la cámara de seguridad que hay afuera. Creo haber visto algo así como un codo.

Tiene que ser esa cosa. Esperé a que se fuera y después de un rato, dejé de escucharlo. Desperté detrás del despachador a las seis de la mañana, cuando mi gerente me puso una mano en el hombro para despertarme y me miró como se mira a un alcoholico o un adicto. Vine a casa y terminé de escribir esto. Eso es todo.

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es un tipo algo aburrido.

One Comment on “asuntos familiares

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