No he podido dormir. El viernes fue un día perfectamente normal; ya sabes, la rutina que alguien sigue antes de ir a trabajar: despertar, orinar, lavarse los dientes, vestirse, dejar salir al perro, fumar, beber café e irse. Es lo mismo, día tras día. Trabajo y regreso a casa, dejo salir al perro, ceno, acuesto a las niñas y me preparo para la noche; en algún momento, mi esposa y yo terminamos en cama también.

Bueno, este viernes no tenía sueño, así que puse una película hasta que me diera sueño. El perro era una lata. Quería jugar, lo que era muy extraño para la hora que era. Normalmente él ya está dormido para cuando nosotros apenas estamos acostándonos. Primero pude escucharlo, sus pasos y el tintineo de sus placas, yendo y viniendo por la escalera; luego comenzó a saltar a los pies de la cama, a mordisquearme los pies. En algún momento su nariz fría hizo contacto en algunas partes de mi espalda; luego a morder la pelota de goma, demasiado cerca de mis oídos. Después de lo que me parecieron horas, finalmente se calmó y pude dormirme.

Este mismo escenario empeoró durante las siguientes dos noches. Lo peor eran sus placas de metal, tintineando. Cualquier otra de sus actividades nocturnas, duraría más o menos uno dos minutos, antes de ser concluida con una nueva carrera; estoy muy seguro de que estaba correteándose la cola, a un lado de mí, por supuesto. En ocasiones, al escucharlo gruñir suavemente, me incorporaba para encender la luz; pero él siempre se las arreglaba para recostarse antes de que pudiera gritarle nada. Sólo quería dormir, así que esperaba que se calmara con una simple reprimenda, pero tan pronto como apagaba la luz, comenzaba de nuevo. Cada vez que le gritaba, provocaba que saltara de la cama al suelo, del suelo a la cama, a veces quedándose quieto para mirándome mientras salivaba.

Así que aquí estoy, tres noches de insomnio después. Me estaba preparando para acostarme temprano hoy, y le pedí a mi esposa que le quitara el collar al jodido perro, por eso de las placas sonando que no me habían dejado dormir. Ella me miró con desconcierto, me dijo que el perro se las había arreglado para quitarse y perder el collar casi dos semanas después de que lo adoptamos, hacía tres años. No me imagino cómo fue que pude olvidarlo, y tampoco me imagino qué es lo que está corriendo por las escaleras ahora. Sé que no es mi perro, cuyo rostro de extrañeza al encender la luz, ahora comprendo.

Solamente espero que no encuentre el cuarto de las niñas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s