Cuando el juego comienza, estás solo en un refugio, tachas otro día en el calendario y comienzas a revisar tus cosas; estás preparando tus cosas para salir al pueblo más cercano. Subes los cierres del traje y sellas la máscara. La luz verde en tu medidor de oxigeno te avisa que cuentas con suficiente para sobrevivir afuera. El mundo se detuvo cuando el aire comenzó a terminarse. Una inmensa mayoría ni siquiera tuvo tiempo de enterarse de lo que estaba ocurriendo, hasta que fue muy tarde. No era como la humanidad misma se lo había imaginado: rápido y sin las explosiones y las masas de gentes alteradas corriendo por las calles a las que nuestras películas nos tenían acostumbrados; nadie hubiera imaginado un apocalipsis más silencioso. La gente simplemente se desmayó justo donde estaba; no hubo tiempo para evacuar —¿y a dónde evacuar? Los sobrevivientes fueron aquellos que habían planeado con antelación, que se habían preparado para lo imposible; su herencia fue un mundo solitario y muerto; con mucho tiempo para pensar y reflexionar.

No hubo destrucción en las grandes urbes; así que cuentas con un enorme territorio para explorar y buscar tesoros, sin quitarle la vista de encima al medidor, por supuesto; el medidor está en tu ropa, no hay ninguna interfase extra, así que tienes que mirar hacia abajo para verlo; si llegas a olvidarte de él, estarás frito en menos de lo que te imaginas, a menos que puedas encontrar aire de algún modo. Tu campo natural de exploración está conformado por vecindarios abandonados, patios de escuela, edificios departamentales y rascacielos. La falta de aire ha preservado a los billones de cuerpos, convirtiendo al planeta en un mausoleo de cuerpos secos llenando las calles y los edificios.

Tu único contacto y garantía de que alguien más ha sobrevivido, es una voz, lejana, que tiende a responder por un radio de onda corta. No conoces su idioma, y no conoce el tuyo; pero han pasado años así, hablándose sin entenderse, intentando llegar a algún acuerdo al respecto de alguna palabra de la cual partir; ha sido imposible. Un día, tu contacto deja de responder a la frecuencia en la que la encuentras; la decisión es libre: intentar, con tus limitados recursos, llegar hasta donde crees que se encuentra, o permanecer aquí, escuchándote respirar en la vasta tumba de la humanidad.

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