Hace algunos años, un matrimonio agobiado por el peso de la rutina decide que necesita un descanso; salir, al menos, por una noche. El matrimonio llama a una niñera, la joven llega después de que los niños ya están en la cama y así todo lo que debe hacer es permanecer en la casa. Después de un rato, la muchacha llama a los padres, quiere ver si puede ver la televisión en la recámara de arriba, porque en la planta baja no hay señal.

El padre le dice que está en su casa. Una cosa más, dice: ¿puedo salir y cubrir la estatua del ángel que está en la ventana de su cuarto?, me pone algo nerviosa.

La joven espera a que le respondan, pero del otro lado solo se escucha la respiración del padre. Saca a los niños de la casa, contesta al fin el hombre, no tenemos ninguna estatua en la ventana. La policía llega al domicilio en cinco minutos y allana, encuentra tres cadáveres y una ventana rota.

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