Al principio no parecía tan grave ¿sabes?, tan sólo otro de esos comentarios demasiado largos que lees en YouTube, que terminan amenazándote si es que no resposteas en otro lado lo mismo. Los has visto, seguro que sí: tendrás una muerte horrible, morirás en un incendio, bla bla bla.

El comentario comenzaba diciendo “ella no ha dejado a (el autor del comentario) solo en (un número variable) días”, y “al leer esto, ella vendrá por ti también”. Algo así. Para ser honesto, ni siquiera recuerdo las palabras exactas y, en su momento, no le di mayor importancia que a los otros cien comentarios que leí esa noche.Me olvidé por completo del asunto.Hasta que ella vino por mí.

Al principio eran cosas pequeñas. Un destello por el rabillo del ojos, una sombra pasando por el pasillo. Luego, fue empeorando. Cuchicheos, cuando estaba solo en casa, risitas, pasos. Ahora sé que estaba jugando conmigo; un gato empujando a su presa con la zarpa, lamiéndolo, antes de devorarlo.

Los espejos. Le gustaba pararse un poco más allá de mi perspectiva mientras me rasuraba, de tal modo que cuando giraba la cabeza para mirar bien alguna de mis mejillas, pudiera verla, de pie, junto al librero, por ejemplo; con su largo, largo cabello negro, y su sonrisa. Dios, su sonrisa.

Nunca he estado seguro de si se trata de sangre o… no sé… no me imagino que otra cosa pudiera ser. Cada noche empeoraba un poco. La veía de camino al salón de clases, en el retrovisor del carro, al otro lado de una puerta entrecerrada. Le gusta arañar su carne suave de tonos esmeraldas, con alguna de sus largas uñas, ir alargando las tiras de piel. Le gusta que la veas.

Por un tiempo, me lo explique con la falta de sueño; estaba en exámenes finales, después de todo. Luego me tocó.

Era tan tade que más bien era temprano. La había estado escuchando reírse durante toda la noche con la cara contra la almohada. Sentí su mano helada, afilada, fría, desplazándose lentamente desde mi muñeca, hasta el codo, desde el codo hasta el hombro Me senté soltando un grito cuandos sentí que se sentaba encima de mí. Me miraba divertida, junto al marco de la ventana.

Le pregunté porqué. Y ella me respondió. Aburrimiento, me dijo. Algo tenía que hacer para pasar el tiempo, jugar, por ejemplo. Y no era tan malo. Esa mañana mientras salía de bañarme, me esperaba del otro lado de las cortinas. El sobresalto me hizo resbalar y golpearme la cabeza contra la llave del agua. Perdí la consciencia mientras ella extendía las piernas hacia mí, y se recostaba lentamente sobre mi pecho desnudo, acariciándome con sus largas uñas.

Desperté aquí, en el hospital. No puedo soportarlo más. ella está ahí, en el final de la cama, esperando a que anochezca y el cambio de turno deje a todos los pacientes solos por un rato. Ella está vestida como si fuera una enfermera. Dios, lo siento, lo siento mucho. Deberá estar allá en cuanto termine conmigo.

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es un tipo algo aburrido.

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